viernes, 14 de mayo de 2021

MATÍAS OCTAVIO


Hoy, en LERÍN ES CAPITAL, nos alegramos por poder dar un paso más en nuestro empeño de poner en valor el patrimonio humano e histórico de nuestro pueblo.

El arduo y minucioso trabajo de investigación de Charo López Oscoz nos proporciona de nuevo la satisfación de lograr rescatar del olvido a este personaje lerinés. Personaje de relevancia en su faceta religiosa, pero también en la científica, incluso en la social y comercial, y que llevó a cabo buena parte de su tarea en el otro extremo del mundo.

Conozcamos pues a...

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MATÍAS OCTAVIO, UN ILUSTRADO FRAILE LERINÉS.

 



Tendemos a no ser conscientes de las consecuencias que a la larga tienen nuestros actos hasta que no se ven en perspectiva y tampoco Matías pensó en ellos el día que abandonó su Lerín natal. Su vida sin embargo dejó una honda e importante huella que inexplicablemente apenas es conocida; ya es hora pues de sacarla a la luz.

Nace Matías Octavio en Lerín (Navarra) en el año 1743, y aunque no hay precisión exacta sobre el nombre de sus padres, todo apunta a que era hijo de Francisco Octavio de Toledo Martínez, y María Martina Abadía Martínez. Estos, que también eran naturales de Lerín, se habían casado en la iglesia de Santa María en el año 1738. El niño Matías habría recibido en la pila del bautismo el nombre de su abuelo paterno.

Según un estudio realizado por Eduardo Morales Solchaga, los Octavio de Toledo eran una familia de infanzones que en el año 1601 se habían instalado en Lerin procedentes de la ciudad aragonesa de Tarazona. Una tía paterna de Matías, llamada Joaquina, se casó con Manuel Bernardo de Larramendi, personaje relevante en el Lerín de la época y uno de los comerciantes más pujantes de la villa. La casa que Larramendi mandó construir está situada muy cerca de la iglesia, en la zona denominada El Pintao y más tarde llamada calle de Larramendi en recuerdo a este señor; esta es una casa palacio de cuya fachada penden los escudos de armas de los apellidos del matrimonio: los Larramendi y los Octavio de Toledo.

 
Escudo Octavio de Toledo


 
Escudo Larramendi

 

 Se deduce pues que Matías formaba parte de una familia acomodada. No se conocen datos de la infancia de este personaje pero, a tenor de lo que se verá después, tuvo que influir bastante el entorno rural en el  que se crió.  En el año 1760, cuando contaba diecisiete años de edad, deja Lerín y entra en religión en el convento de la orden calzada de San Agustín de Pamplona. Asegura la antropóloga Piedad Peñaherrera de Costales en su libro: Los Agustinos Pedagogos y Misioneros del Pueblo (1573-1869) que: los novicios o coristas eran jóvenes que se seleccionaba por sus talentos y cuna, lo que corrobora que Matías era de familia bien. Comienza pues su formación con las preceptivas clases de Gramática, Latinidad y Filosofía. Cuando había completado ya dos cursos se traslada al Real Colegio Seminario que en Valladolid tienen los Padres Agustinos. Este era un colegio pionero en España y se creó con objeto de formar religiosos para enviarlos a las misiones de Extremo Oriente. En Valladolid hace Matías un año de Artes y para primeros del año 1763, se une a una de las misiones que partieron rumbo a Filipinas.

foto: convento Agustinos Filipinos en Valladolid. Claustro. Foto Pablo Puchol.

Por su ubicación estratégica, las Islas Filipinas estaban especialmente expuestas a continuas zozobras. En el mes de octubre del año anterior (1762) los ingleses habían entrado en la isla de Luzón y habían tomado la ciudad de Manila además de otras poblaciones limítrofes saqueando a su paso conventos e iglesias;  en este estado de cosas llega Matías a las islas donde es admitido y prohijado en el transcurso del Consejo Provincial reunido el día 25 de julio en la población de Malolos (Luzón central). Profesa como Hermano Corista y sigue su formación religiosa hasta acabar la carrera eclesiástica y ser ordenado sacerdote. Y como buen agustino,  también Padre Predicador. Su primer destino se centró en el Vicariato de Santa Ana, una población situada en la región de la Pampanga dentro de la misma isla de Luzón. Desempeña aquí las funciones de Vicario Prior. Aprende perfectamente la lengua tagala, propia de la zona, y consigue involucrarse en la vida de los pobladores como un respetado cura de almas.

                                                

 
 (Mapa Filipinas año 1744 foto:BNE Tesoros al descubierto)

Además de las tensiones externas apuntadas, Filipinas, como ocurría también en el resto de provincias españolas, vivía períodos inestables y de intrigas de poder que a veces salpicaban también a los religiosos. Uno de estos episodios le tocó vivir al fraile lerinés en sus propias carnes. Al parecer el recién nombrado gobernador de Filipinas, el alavés Simón de Anda y Salazar había sido antes magistrado en las propias islas, y se la tenía guardada a los religiosos por cierto asunto en el que estos no se habían mostrado de acuerdo con él; de modo que en cuanto tuvo ocasión trató de vengarse y lo hizo aprovechando que el obispo Basilio Sancho de Santa Justa y Rufina, que había sido nombrado expresamente por Carlos III para llevar a cabo ciertos y profundos cambios regalistas (hacer el rey suyas potestades y prerrogativas del clero), hizo presión para conseguir la sumisión de los frailes. El obispo quería hacer una Visita Pastoral para clausurar ciertas parroquias ya que quería  fundar un seminario diocesano y traspasarlo después a un posible clero secular nativo. Los frailes, “que con enorme esfuerzo se había mantenido hasta ese momento”, como ellos mismo aseguraban, se resistieron, ya que entendían que esto suponía una injusta injerencia en asuntos monásticos.

 Según se puede ver en los documentos, un grupo de agustinos mantuvo reuniones y conciliábulos para ver el modo de contrarrestar lo que consideraban un abuso de poder; este desafío no iba a quedar sin consecuencias y provocó que diecinueve de estos frailes, todos establecidos en la región de la Pampanga, fueran  destituidos y expulsados de sus parroquias; entre ellos se encontraba fray Matías Octavio.

Lámina de ilustración filipina. 1859. Foto: reinamares.hypotheses.org

Cuando ya habían tenido lugar los hechos y relegados ya en el convento de San Pablo de Manila, los frailes hicieron una declaración jurada (in verbo sacerdotis) relatando el modo en que habían ocurrido los hechos. El P. Octavio hizo su declaración el día 11 de diciembre del año 1771 y en ella decía que el día 6 del mes anterior se presentaron en la Vicaría de su parroquia de Santa Ana, el Alcalde Mayor de la Provincia, el Sargento Mayor de la plaza de Manila y el Provisor interino del Obispado, acompañados por varios granaderos, asegurando que a todos ellos “recibió con toda urbanidad y política convidándoles a tomar algún sustento”. El alcalde le leyó sendos decretos que traía de parte del gobernador y del propio arzobispo. Este último directamente le destituía y nombraba como sustituto a un sacerdote que allí se presentó llamado Diego Gutierres.

El P. Octavio, que por lo que él mismo aseguraba no había opuesto ningún tipo de resistencia, los pasó seguidamente a la sacristía donde les hizo entrega de los libros parroquiales y todo lo perteneciente a la iglesia. A continuación lo llevaron a su habitación y le instaron a recoger únicamente su ropa personal ya que el resto debía ser inventariado: libros, enseres de cocina y despensa, así como el caballo aparejado con su silla y brida, junto con el dinero perteneciente a la iglesia y a la cofradía de la Consolación. Tras llevar a cabo estas diligencias, las autoridades abandonaron el lugar y el P. Octavio quedó retenido en Santa Ana todavía tres días más, tiempo durante el cual pudo comprobar que el sacerdote sustituto ni siquiera hablaba el idioma pampango y, según su apreciación era “corto en la obligación perteneciente a un Párroco y Cura de Almas”.

Iglesia de San Guillermo. Bacolor. Foto: Tripadvisor

Pasados esos tres días los soldados lo condujeron al pueblo cercano de Bacolor; allí supo que el párroco del lugar, el también agustino P. Manuel Villalba, se encontraba muy enfermo. Quiso visitarlo para administrarle los últimos sacramentos pero los soldados no se lo permitieron, a pesar de que el Padre Villalba no estaba entre el grupo de insumisos al obispo. Permaneció fray Matías retenido de nuevo en Bacolor junto al grupo de frailes rebeldes que también habían sido llevados allá hasta el día 3 de diciembre, día en que regresó de nuevo el alcalde para ejecutar la expulsión definitiva. Y así, junto a sus seis compañeros frailes, a media noche y custodiados por cuatro granaderos abandonaron el lugar. El alcalde los hizo poner en un bote “enviándolos por la mar expuestos al peligro de Moros” rumbo a Manila. Relata fray Matías que arribaron a las tres y media de la tarde a la capital, y el oficial de mayor rango fue inmediatamente a Palacio a dar parte al gobernador de su llegada y recibir nuevas órdenes.  El gobernador las demoró y los retuvo en la embarcación sin dejarles tomar tierra ni permitirles entrar en la ciudad hasta bien pasadas dos horas. Una vez transcurridas, dio orden de que ya se podían ir al convento: “habiéndoseles embargado todo “y tal qual muda de ropa que tenían, dexándoles sin breviarios y sin otra cosa que lo que a cuestas traían”, concluye el fraile.

Según la Real Cédula del año 1773, los regulares (frailes) se tuvieron que someter pues a la visita diocesana que iba a llevar a cabo el obispo y a las leyes del Real Patronato. De modo que tuvieron que claudicar ante el poder superior. Pero a pesar de todo este deshonroso episodio que supuso para los agustinos, la peor parte se la llevaron sin embargo los frailes jesuitas, que no solo fueron expulsados en su totalidad de las islas, sino también de todos los dominios españoles. 

Tras aquellos deshonrosos hechos, las aguas se fueron calmando y hacia el año 1774, fray Matías Octavio fue destinado como párroco doctrinero a la población de Tambobong, en la misma isla de Luzón. El gobernador Anda y Salazar falleció en el año 1776 y en su lugar se nombró a José de Basco y Vargas.

Con la llegada de este nuevo gobernador, fray Matías pudo mostrar mejor su valía y poner en práctica sus conocimientos. El P. Octavio fue considerado en Filipinas como un fraile ilustrado que dominaba las lenguas nativas y que no se limitó solo a la actividad misionera propiamente dicha, sino que para su labor evangelizadora se valió también de la ciencia, las artes y la educación, siendo un reconocido y experimentado naturalista que compartía sus labores parroquiales en Tambóbong con el estudio entusiasta de las plantas. Había una en concreto que crecía abundante y de modo silvestre; era la planta llamada añil o índigo. El fraile observó que debajo de las hojas de este arbusto se encontraba contenida una bolsa o película con un líquido azulado. A base de no pocos ensayos logró  convertir ese jugo en el preciado tinte, al igual que ya estaban haciendo en Guatemala.

 
Foto planta añil. Revista Credencial  

El P. Octavio comenzó los experimentos a finales del año 1770 y contó con el beneplácito del nuevo gobernador, a quien desde el principio agradó el proyecto pues vio en él la posibilidad de que se convirtiera en un producto susceptible de explotación en la zona, como así fue.

Tras muchos estudios, trabajos y orientaciones, fray Matías Octavio consiguió su objetivo y enseñó a los nativos el modo de obrar para su aprovechamiento, empezando por la plantación, y acabando en la elaboración del tinte en forma de pasta. Para llevar a cabo esta empresa también contó con la ayuda de un comerciante de Manila llamado Diego García Herreros y para el año 1784 consiguieron enviar la primera remesa de añil a España a bordo de la fragata real La Asunción. Los indígenas enseguida entendieron que aquello iba a ser un revulsivo para la economía de las islas y lo acogieron entusiasmados. El añil se comercializó durante un tiempo con notable éxito.

 
Portada de revista de la época. Foto: DocPlayer

Pero el proyecto contó sin embargo con las zancadillas y los envites de la competencia. Un comerciante llamado Francisco Javier Salgado protestaba y se lamentaba ante el Rey alegando que era suyo, y solo suyo, el monopolio del negocio del añil, y que ahora, para su desgracia, “Basco y Vargas (el gobernador), desde el año 1779, no solo permitió que trabajaran tinta seca de los pueblos de Tambobon bajo la dirección del Padre Fray Mathias Octavio, sino que auxilió y fomentó la extensión de dicha fábrica en tal conformidad que al presente ya la trabajaban en las cinco provincias inmediatas”. Salgado no consiguió no obstante que aquellos pueblos dejaran de explotar y producir el añil para beneficio también de los propios nativos, tampoco perdió su fábrica, pero sí perdió el monopolio sobre el producto. Según asegura el agustino P. Eladio Zamora, autor del libro “Las corporaciones religiosas en Filipinas” (1901), que el negocio funcionó perfectamente “hasta que la avidez, avaricia y mala fe de los Chinos, que negociaban con el tinte, lo adulteraron haciéndolo desmerecer en los mercados extranjeros” Pag. 284. Aunque para entonces el P. Octavio ya no se encontraba en las islas.

 

Plantación y procesado del añil. Foto Gabriel Bernat.es

 

Cuando entendió fray Matías que había concluido su labor en Filipinas pidió y obtuvo licencia para regresar a la Península y reincorporarse a su antigua Provincia; esto ocurría en el año 1787. Se embarcó pues rumbo a su tierra para llegar a Cádiz el día 31 de octubre del año siguiente. Entre sus cosas se trajo consigo varias botellas de miel y un fardo de café, según consta en los archivos de los registros de embarque (Estante 145, cajón 7, legajo 23). Ya en España, fray Matías fue acogido en el convento madrileño de San Felipe el Real. Este era un convento agustino ubicado en el comienzo de la calle Mayor, muy cerca de lo que hoy es la Puerta del Sol; su construcción databa del siglo XVI. Al encontrarse  en pleno centro de la capital era un lugar muy frecuentado, sobre todo en sus alrededores, donde se encontraban las llamadas “Gradas de San Felipe el Real”, vulgarmente conocidas también como “El Mentidero”, ya que por allí pasaban todos los chismes, intrigas, cuentos y comadreos de la Villa y Corte. Este edificio conventual, que fue desmantelado durante la Guerra de la Independencia, sufrió también años después la fiebre destructora de la Desamortización de Mendizabal del año 1838 por lo que al final acabó demolido, a pesar de las protestas que se suscitaron por parte de los defensores del arte y el patrimonio. 

 

                                         Gradas de San Felipe el Real. Foto: edicioneslibreria.es

 

A la llegada del fraile, la orden de San Agustín premió los méritos de Octavio nombrándole Prior Vocal y, el rey, en premio a sus merecimientos y aportaciones a la Corona le concedió una pensión vitalicia.

En ese año de su llegada (1788) el fraile lerinés presentó al Rey un memorando escrito de su puño y letra. Se trata de un interesante y moralizador texto sobre las Islas Filipinas en el que se aborda la historia, industria, población, tributos y estancos de las islas, y en el que hace fuerza para tratar de impedir que se impugnen estos últimos, contrarrestando las razones que presentaba el actual gobernador de Filipinas que pretendía la extinción de los estancos de productos tales como el vino de ñipa, el tabaco y el bonga. Dicho memorando ocupa una extensión de 104 páginas y personalmente lo considero un documento muy valioso ya que permite conocer cómo era la vida en las Islas Filipinas en esa época, según la visión del erudito fraile lerinés, y detalla además la situación económica de las islas, a la vez que relata la historia general desde la llegada de los españoles hasta ese momento concreto, además de apuntar los motivos por los que entendía que éstas no alcanzaban mayor prosperidad. Incluso se atreve a proponer al Rey nuevos y más económicos sistemas de administración.

 
Una de las páginas del memorando que fray Matías dirigió al rey de España escrita por él mismo. Foto Biblioteca Virtual de Defensa

En las páginas números dieciocho y diecinueve de dicho texto, -que a día de hoy se puede leer en la Biblioteca Virtual de Defensa-, fray Matías Octavio hace un pequeño resumen de cuales habían sido sus afanes, algunos de los cuales ya se han apuntado aquí: “antes de que se fundasen las sociedades, quería yo destituirme a Europa; pero el Gobernador me dijo que detuviese el viaje y dedicase a beneficiar el añil al uso de Guatemala. En efecto, suspendí el viaje y tomé con empeño el beneficio de este Ramo. Llamé a varios feligreses míos; les enseñé muestras del Añil de Guatemala; les propuse que todos ellos hiciesen ensayos y viesen si lo podían hacer como lo que les mostré. Yo tomé la empresa con empeño. Busqué libros que tratasen del beneficio. Hice infinitos ensayos y después de muchos meses de gastos y trabajos tuve la satisfacción de hacer un buen añil. Expliqué a los Indios el mismo tesoro que tenían las Islas con este ramo pues es patente que todas las Provincias y Pueblos tiene y trabajan esta planta. Luego que tuve una porción de Añil, entregué dos cajoncitos al Gobernador quien los mandó al Ministerio y lo mismo fue haciendo con los que sucesivamente le entregué. El Gobernador tuvo particular complacencia de ver que en las Islas había un ramo capaz de enriquecerlas”.

Se entiende que en España se interesaron por el tema: “Verdaderamente esta noticia me ha sido de mucha complacencia, pues veo que de mis gastos y trabajos puede resultar particular ventaja al estado y espero que aquellos dominios mudaran de aspecto y serán útiles a la corona”.

Entre las recomendaciones que aporta, añade: “me parece que hay otro camino mejor para que en adelante no hagan tanto Comercio y éste recaiga en los españoles y de esta suerte podrán emplearse muchos, tanto para el vecindario de Manila como para la Compañía y podrán mantenerse muchos españoles y los vecinos de Manila podrán dar honesta ocupación a sus hijos, criándolos mejor que lo han hecho hasta el día presente”. Parece ser que todo lo expuesto agradó al Rey que, como he dicho, otorgó en premio a fray Matías una pensión vitalicia.

En la página 334 del tomo quinto de la “Historia Política de los Establecimientos Ultramarinos”, escrito por Eduardo Malo de Luque en el año 1790, ya se hace eco de la vida y obra de fray Matías, resumida de este modo: “el P. Fray Matias Octavio, natural de Lerín, ha residido en Filipinas desde el año 1762 hasta el de 1787; ha sido uno de los más celosos operativos que han gozado las Islas. Instruido en sus lenguas y sumamente apticado y activo, ha procurado el bien espiritual y temporal de aquellos naturales. Restituido a España ha obtenido una pensión del Rey y prosigue trabajando útilmente en su convento de San Felipe el Real de esta Corte”.

Con posterioridad a todo lo expuesto, Matías Octavio desempeñó otros cargos en la orden agustina, siendo nombrado apoderado de las Provincias de Santiago de Chile y de Mechoacán (Méjico). Su firma se ve por última vez al pie de una consulta hecha en el convento de El Salvador en el año 1809. Aquí fueron trasladados los frailes cuando a consecuencia de la entrada de los franceses en Madrid tuvieron que salir de San Felipe el Real. Fray Matías Octavio, muere en Madrid en una fecha no consignada pero siempre posterior a ese año de 1809.

Una vida apasionante y digna de conocer y difundir. Transcurridos doscientos setenta y siete años desde su nacimiento,  sirva este trabajo para sacarlo del anonimato en el que ha estado por casi tres siglos y favorecer que pueda conocerse y reconocerse su labor. Este es pues mi pequeño homenaje a fray Matías Octavio, un lerinés que se marchó a las antípodas y trabajó incansablemente luchando para la promoción y bienestar espiritual y social de sus semejantes.

 

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Artículo: María Rosario López Oscoz

 

Bibliografía:

-MALO de LUQUE, Eduardo. “Bibliografía: Historia Política de los Establecimientos de las Naciones Europeas”. Tomo V. Madrid. Año 1784.

-«Memorando del P. Matías Octavio al Rey de España» [Madrid, 1788], en APSR, Historia civil de Filipinas, tomo 4, doc. 7, folio 421v-422v

-PEÑAHERRERA de COSTALES, Piedad. “Los Agustinos Pedagogos y Misioneros del Pueblo (1573-1869”). Ed. Abya Yala. 2003.

-PÉREZ ELVIRO, j. (OSA) “Catalogo Bio-bibliografico de los Religiosos Agustinos de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de las islas Filipinas desde su Fundación hasta nuestros días”. Manila. Editorial Colegio de Santo Tomás. Año 1901.

-RODRIGUEZ RODRIGUEZ, Isacio. “Expulsión de los agustinos de la provincia de la Pampanga (1771)”. Archivo Agustiniano. Nº 70. 1987.

-ZAMORA, fray Eladio (OSA). “Las Corporaciones Religiosas en Filipinas”. Imprenta y Librería Religiosa Andrés Martín. Año 1901. Pag. 284

-http://www.xeniaeditrice.it/zu%C3%B1igaIocrpdf.pdf

http://agustinosvalladolid.org/estudio/investigacion/archivoagustiniano/archivofondos/archivo1989/archivo_1989_11.pdf

-familysearch.org

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viernes, 23 de abril de 2021

X CATA DEL PRIMER ESPARRAGO DE NAVARRA

 

La celebración en la que se simboliza la CATA DEL PRIMER ESPÁRRAGO DE NAVARRA en su X edición (2021) ha tenido lugar el pasado 14 de abril en LERÍN.

 

 

Este acto se realiza cada año en un pueblo diferente, por lo que el hecho de que en esta edición se haya celebrado en Lerín tiene su importancia.

En LERÍN ES CAPITAL no buscamos ofrecer la información "al momento" o dar noticias de actualidad de forma inmediata. Para eso ya están otros medios, como las televisiones o la prensa escrita, incluso diferentes páginas en redes sociales, que ya informarón en su día de esta celebración con reportajes más o menos extensos. Lo que sí queremos es, dada la importancia del acto, dejar constancia gráfica y escrita en nuestro blog y en nuestro archivo para que, bien ahora o bien pasado un tiempo, se pueda conocer de primera mano algunos detalles sobre esta jornada.

La lamentable situación en la que nos encontramos con la maldita pandemia obligó a que este acto no pudiera acoger público, por tanto, entre los asistentes únicamente figuraban autoridades, políticos de varios partidos (Navarra Suma, PSN, Bildu, Geroa Bai,,,)  cocineros y personajes relevantes de la gastronomía navarra, e informadores. Esta es una razón de importancia para que intentemos llevaros a los seguidores de LERÍN ES CAPITAL algunos detalles de este acontecimiento.

Además, al final de este reportaje incluímos un enlace a un vídeo elaborado por Reyno Gourmet por si queréis echarle un vistazo. Incluye una amplia descripción del acto además de algunas entrevistas a algunos de los personajes invitados.

 

En cada edición, se homenajea a un personaje de relevancia en el mundo gastronómico. En esta ocasión, el Invitado de Honor ha sido Rodrigo de la Calle, chef del restaurante "El Invernadero" de Madrid. 

 


"Alta cocina verde", "Domesticador de las verduras", son palabras que pueden indicar, en cierto modo, su gastronomía. Además de "El Invernadero", dirige otros restaurantes. Ha ideado el concepto "gastrobotánica" y "revolución verde". Tiene una estrella Michelín.

Resumir en unas pocas palabras la trayectoria gastronómica de este cocinero es tarea complicada porque es muy intensa, por lo que si queréis conocerle un poco mejor pinchad en el siguiente enlace donde, en su propia página web, describe su trayectoria profesional:

                                        RODRIGO DE LA CALLE - Biografía

 

Con esta celebración se pretende poner en valor el espárrago de Navarra, pero es también un homenaje a los agricultores que los cultivan, a las conserveras que hacen posible que este producto se pueda consumir durante todo el año, a los cocineros que los preparan con mimo en sus restaurantes y, por supuesto, a la tierra donde se cultivan estos maravillosos espárragos, en este caso, nuestra tierra lerinesa.

 

La ceremonia tuvo lugar en la hermosa finca de espárragos de Gorka Pérez de Obanos, en la zona de "Campo Estella". 


El acto consiste en la presentación y exaltación del maravilloso espárrago de Navarra y su importancia, tanto gastronómica como económica, así como aclamarlo por ser estandarte de la calidad de la huerta Navarra en todo el mundo. 

En primer lugar, la alcaldesa de Lerín, Consuelo Ochoa, tomó la palabra y abrió el acto dando la bienvenida a los asistentes y valorando lo que supone, y lo que supuso hace unas décadas, el cultivo de el espárrago, tanto para los agricultores como para la industria conservera y sus trabajadores como para la hostelería local.

 


Después, tomó la palabra Marcelino Etayo, presidente de la D.O. Espárrago de Navarra.


Seguidamente, intervino Ignacio Idoate, presidente de la Asociación de Restaurantes del Reyno.


Tras recibir un trofeo, Rodrigo de la Calle, el cocinero homenajeado, dirigió unas palabras de agradecimiento. Recordó sus orígenes como hijo de agricultor y recalcó la importancia de los frutos de la huerta como fundamento de su cocina.


Finalmente, Itziar Gómez, consejera de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, volvió a ensalzar la importancia de este producto y anímó a consumirlo en temporada, además de celebrar el repunte en la implantación de nuevas fincas de cultivo de espárrago.


 

Tras estas intervenciones, se procedió a la extración de un espárrago de la tierra, simbolizando la apertura de la campaña del espárrago (aunque, evidentemente, la recogida ya haya comenzado en fechas anteriores, dependiendo del clima y de las diferentes zonas de Navarra donde se cultiva). 

Varios invitados ilustres participaron en este acto.


 

 

 




 





El ilustre cocinero lerinés Pedro Larumbe recordando que en sus años mozos en Lerín los cogía "con azada".


Seguidamente, Javier Díaz, jefe de cocina del Restaurante Alhambra de Pamplona, elaboró, junto al homenajeado Rodrigo de la Calle, unos espárragos recien cogidos, pelados, laminados y aliñados para ser degustados al momento por los invitados.






Queremos aprovechar para recordar que, justo hace un año, Javier Díaz colaboró con este blog de LERÍN ES CAPITAL compartiendo con nosotros su receta "Carpaccio de espárragos de Lerín, cacahuete, vinagreta de vermú y aromáticos" que os animamos a ver y a realizar. (Al final de este artículo os ponemos el enlace a aquel post).

Finalmente, un brindis con Rosado de Navarra, ofrecido por David Palacios, presidente de la D.O. Vino de Navarra puso el colofón a los actos protocolarios.



Después se disfrutó de una degustación de espárragos preparados en diferentes elaboraciones, cocidos y laminados.


 

Importante la labor del personal de Conservas el Agricultor (Raquel Masó, Ana Chacón y Lourdes Chocarro) que elaboraron "in situ" y de forma exquisita los espárragos para su degustación.


 

 

Y todo esto acompañado con Rosado de Navarra.


Momento de charla relajada en un maravilloso día primeveral que casi parecía veraniego.

 

 

Pedro Larumbe (cocinero lerinés de prestigio internacional), Consuelo Ochoa (alcaldesa de Lerín), Maite Yerro (vicealcaldesa de Lerín) y Pedro Castillo (colaborador importante de "Lerín es Capital" y promotor de numerosas iniciativas gastronómicas).



 

 

Enrique Sánchez Sacristán, Gran Maestre de la Cofradía del Espárrago de Navarra, junto a Pedro Castillo.


 

Javier Díaz, Consuelo Ochoa, Itziar Gómez (consejera de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra) y Maite Yerro.

 

 

 

Relación de asistentes:

- Rodrigo de la Calle (Invitado de Honor), Restaurante El Invernadero de Madrid. Una Estrella Michelín.

- Leandro Gil. Restaurante Alma, del Hotel Muga de Beloso. Una Estrella Michelín.

- Vero y Goreti Rodero, del Restaurante Rodero, con una Estrella Michelín.

- Ricardo Gil, del Restaurante 33 de Tudela y La Huerta deTudela en Madrid.

- Martín Iturri, del Restaurante Beti Jai, de Aoiz y Taberna Cocotte de Pamplona.

- Pilar, Ignacio Idoate, del Restaurante Europa, una Estrella Michelín,.Restaurante Alhambra y El Mercao, de Pamplona.

- Javier Díaz, del Restaurante Alhambra, de Pamplona.

- Nicolás Ramírez, del Restaurante Tubal, de Tafalla, recientemente galardonado con un Sol en la Guía Repsol.

- Pedro Larumbe, lerinés, Premio Nacional de Gastronomía.

- José Aguado, del Restaurante Topero, de Tudela.

- Victor Sánchez, director del Hotel Tres Reyes de Pamplona.

- Itziar Gómez, consejera de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra.

- Consuelo Ochoa, alcaldesa de Lerín.

- Maite Yerro, vicealcaldesa de Lerín.

- Marcelino Etayo, presidente de D.O. Espárrago de Navarra.

- David Palacios, presidente D.O. Vino de Navarra.

- Enrique Sánchez Sacristán, Gran Maestre de la Cofradía del Espárrago de Navarra.

- María Angeles Rodriguez, presidenta de ANAPEH.

- Ana Juanena, secretaria de IGP del Gobierno de Navarra.

- Garbancita Cristina, bloguera.

- Cayo Sainz, director gerente de Viuda de Cayo Sainz.

- Daniel Campanero, organizador, socio de Algas Comunicación.

- Pedro Castillo, referente gastronómico lerinés.

- Cadena Ser.

- Navarra TV.

- TVE

- Diario de Navarra.

- Diario de Noticias. 

- Lerín es Capital


El hecho de que fuera un acto al aire libre, en una zona amplia, con un número de asistentes relativamente reducido y con estos respetando las normas de seguridad que la situación exige, y sumado a esto que la degustación se ofreció en raciones individuales, se puede decir que se respiraba un ambiente de prudencia, seguridad y tranquilidad.

 

Más tarde, los invitados disfrutaron de una comida en el merendero de El Puente con embutidos, chistorra, panceta y costillas de cordero.

 

Durante el fin de semana posterior, es decir, el sábado 17 y el domingo 18 de abril, en los bares y restaurantes de Lerín, junto a las consumiciones, se pudo disfrutar de una degustación de espárragos de Navarra.

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 Si queréis ver el video elaborado por Reyno Gourmet, pinchad en la imagen con el enlace:



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Si queréis ver el artículo con las recetas de espárragos de este blog pinchad en:

                                                    ESPÁRRAGOS DE LERÍN

 

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Artículo y fotos: Lerín es Capital - © José York

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viernes, 2 de abril de 2021

TORRIJAS

 


 

Casi con total seguridad, o sin "casi", en estos días de Semana Santa la elaboración gastronómica más popular y tradicional sean las torrijas.

Es de esas elaboraciones "estrella" que se nos hacen especiales no solo por el placer gustativo que proporcionan, que es enorme, sino porque en muchísimos casos, y sobre todo a quienes ya tenemos una edad, al saborear el primer bocado nos viene a la mente una lluvia de recuerdos gratos, casi todos ellos ligados al hogar, a la familia, a la infancia...

Además, pocos postres son, en principio, tan sencillos de elaborar, de modo que en LERÍN ES CAPITAL queremos que os animéis a hacerlas vosotros mismos y no estéis pendientes de que una madre, una tía o una abuela os las prepare, o de ir a comerlas al restaurante. Ojo, que todas esas opciones son maravillosas (y cómodas) pero preparar las cosas uno mismo y que quienes tenemos alrededor las disfruten, no tiene precio.

Hay muchísimas formas de elaborar las torrijas (fritas, al horno, gratinadas...) y muchas variedades, claro. No solo pueden diferir de una región a otra, sino de una casa a otra, aunque básicamente podemos resumir que es un postre hecho con pan, leche (en algunas zonas utilizan vino, incluso horchata), huevo y azúcar... y si queremos, pueden llevar una gran variedad de ingredientes y aromatizantes (chocolate, café, vainilla, anís, azahar...).

Hay también gran variedad de pan para hacerlas, desde pan "normal" a panes "especiales" para torrijas y hoy día no son nada difíciles de encontrar en el mercado. La opción más utilizada es el pan de "barra normal", guardado un par de días para que la miga coja consistencia y se puedan manejar mejor. En este caso interesa que la corteza no sea muy gruesa y dura. 

Otra opción cada vez más utilizada es el "pan brioche" especial para torrijas que podéis encontrar en el mercado (o hacer vosotros). Lo hay en formato "barra" y en formato tipo "pan de molde". Este pan ofrece un resultado finísimo y agradable, aunque debe manejarse con un poco de cuidado y mimo. Otra opción también muy interesante es el "pan de Viena", que sería una opción intermedia entre las dos anteriores, es más firme que el brioche y más suave y fino que el normal, aunque es menos fácil de encontrar que los anteriores (también lo podemos hacer nosotros en casa).

Venga, sin más historias, nos volvemos a meter en la cocina de LERÍN ES CAPITAL y os proponemos aquí algunas formas de elaboración y os animamos a que probéis a hacerlas. Os va a llevar poco tiempo y os garantizamos un disfrute antológico.

 

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TORRIJAS TRADICIONALES

Ingredientes (10 unidades):

- 1 barra de pan hueco de 1 día
- 400 ml de leche entera
- 200 ml de nata
- 1 rama de canela
- Piel de naranja (sin la parte blanca)
- 50 gr azúcar
- 2 huevos
- Canela en polvo (10/12 gr) y azúcar (60/70 gr) para pasar las toriijas al final
- 300 ml de aceite de girasol

Elaboración:

- Con pan del día anterior (pueden ser dos días), cortamos rebanadas de 2 cm y colocamos sobre una fuente en una capa.
 
- En un cazo se pone la leche, la nata, canela, piel de naranja y el azúcar. Se mantiene si que llegue a hervir (8/10 minutos) moviendo para que se disuelva el azúcar y se aparta del fuego para que se temple.
 

- En ese momento pondremos, colando, sobre las rebanadas de pan. Con ayuda de un cazo impregnamos cada una de ellas para que quede todo el líquido uniforme. 
 

 
Dejar unos 10 minutos hasta que absorba bien, dando vuelta un par de veces con mucho cuidado de no romperlas.
 

- Poner el aceite a calentar en una sartén muentras batimos los huevos en un bol.
 
 
- Cuando el aceite esté caliente, sin que humee (alrededor de 140º), pasamos las torrijas por el huevo con sumo cuidado y freímos harta que quede con un color dorado.
 
 
- Sacar a papel absorbente.
 

 
- Por último, mezclar en un plato la canela en polvo y el azúcar y pasar cada torrija por toda su superficie.


 
 
 
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TORRIJAS DE PAN BRIOCHE
 
 
La diferencia principal con la torrija tradicional es que este pan, "tipo bollo", es bastante más tierno y blando que el pan "normal" y la corteza no es dura, por lo que hay mucha gente que no se anima a hacerlo por temor a que se rompa en la manipulación y el intento acabe en desastre. Pero con un poco de cuidado y un par de cosas que hay que tener en cuenta, se pueden hacer sin ningún problema y el resultado es espectacular.
 

Con este tipo de pan se puede hacer la misma elaboración que la torrija tradicional anterior pero conviene tener en cuenta tres detalles importantes para que la experiencia sea perfecta:

1 - Las rebanadas han de cortarse algo más gruesas (al menos 3 o 4 cm). Al final, una vez fritas, se van a apretar solas y quedaran de un grosor parecido a las tradicionales.

2 - Una vez fritas, la capa de huevo les da cierta consistencia, pero al manejarlas antes, tanto al darles la vuelta en la leche como al pasarlas por el huevo hay que ser delicados y procurar no utilizar un tenedor para manipularlas. Utilizar siempre una espátula plana, y nos podemos ayudar con la otra mano bien limpia. Conviene que no estén apretadas en la bandeja, porque esto dificultará la acción de cogerlas o darles la vuelta. 
 
Y 3 - Para este tipo de pan es importantísimo que la leche, una vez calentada y aromatizada, esté completamente fría. Si ha pasado un rato en el frigo, mucho mejor. Si echamos la leche caliente encima del brioche, lo haremos puré y adios torrijas.
 
Solo con estas tres precauciones las podremos hacer sin ningún problema y salen unas torrijas realmente impresionantes.
 
 Ah, un consejillo: Cada vez que hagáis una tanda de torrijas, antes de echar las siguientes, recoged con una espumadera los restos de hilillos de huevo que quedan en el aceite, porque se van a pegar a las torrijas siguientes y va a quedar feo y con gustillo requemado.   
 
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TORRIJAS CARAMELIZADAS
 
 
Pero además de estas anteriores, hoy os queremos proponer otra forma más de elaborar las torrijas. Lleva un poquito más de trabajo, solo un poco, y un poco más de paciencia para dejar reposar la elaboración, pero el resultado es, sin duda, glorioso. 
 

En este caso la elaboramos también con pan brioche. (También se pueden hacer con bollos suizos, incluso con pan "normal", aunque en este caso sería interesante quitarle la corteza).
Ya hemos comentado antes que el pan no debe ser muy reciente, porque sería bastante dificil de manejar, mejor que tenga uno o dos días para que tenga algo de consistencia.
Si compráis el pan brioche envasado, abridlo y dejadlo al menos unas horas o un día para que se airee un poco y se quede un poco más firme. No es imprescindible (yo lo he hecho recién comprado), pero ayudará.

Ingredientes:
 
- 1 barra pan brioche
- 600 cl leche entera
- 200 gr crema de leche (nata "de cocinar", no "de montar")
- 80 gr azúcar
- 1 palo de canela
- 1 tira de cáscara de naranja (solo lo naranja)
- 1 tira de cáscara de limón (solo lo amarillo)
- 2 huevos
- Mantequilla y azúcar (para caramelizar al final).  
 
Elaboración:
 
-  Poner en un cazo la leche, el palo de canela, las cortezas de cítricos y llevar hasta que comience a hervir. Ir removiendo de vez en cuando para que se vaya aromatizando bien y para que no se agarre nada abajo. Cuando comience a hervir, retirar del fuego y dejar un rato para que se temple un poco. 
 
- Cuando esté templado añadir el azúcar y revolver para que se disuelva bien. Dejar después un buen rato hasta que se enfríe por completo.
 
- En un bol, batimos bien los huevos. Después le añadimos la nata de cocinar y revolvemos para que se mezcle bien.
 
- Añadimos al bol la leche aromatizada del cazo que ya estará completamente fría.

- Cortar el pan brioche en rebanadas o trozos un poco gruesos (Ya hemos dicho que si está muy tierno lo habremos cortado un poco antes). Lo colocamos en una fuente. Dependiendo de la cantidad, igual nos hacen falta dos fuentes.

- Vertemos con cuidado la mezcla sobre los trozos de pan, repartiéndolo para que los vaya empapando bien. Quedarán nadando en leche, pero poco a poco ya lo irá absorbiendo. 
 
- Tapamos la fuente con papel film y lo dejamos reposando un buen rato en el frigo. Puede ser una hora, dos... o incluso de un día para otro. Importante esto del frigo porque recordemos que en la mezcla tenemos huevo crudo.

- Cuando vayamos a preparar la torrijas, las sacamos del frigo y les damos la vuelta a cada una para que se reparta bien la crema por el interior.
 
- Sacamos del frigo un trozo de mantequilla para que se temple un poco.

- Preparamos una sartén antiadherente y la ponemos a fuego medio.

- Ponemos en la sartén una nuez de mantequilla (el equivalente a una cucharadilla de postre) y cuando esté fundida (ojo que no se queme) espolvoreamos un par de cucharadas de azúcar y cuando empiece a tomar un poco de color (en un par de minutos) bajamos un poco más el fuego y vamos poniendo con cuidado las torrijas. 

- No amontonarlas, dependiendo del tamaño de la sartén, pueden ser tres o cuatro torrijas, pero es conveniente que nos quede sitio para manejarlas bien. Cuando lleven un par de minutos, les damos la vuelta con cuidado. Tened en cuenta que es mejor darles la vuelta varias veces a que se hagan demasiado. Cuando tomen un tono dorado, las sacamos a un plato. 

- Cuando hayamos sacado la primera tanda, repetimos la operación, es decir, ponemos otra nuez de mantequilla y otras dos cucharadas de azucar, y hacemos otra tanda. Así hasta que hagamos todas.

- Una vez acabadas y después de dejarlas un ratillo para que se templen, podéis lanzaros de cabeza a por ellas. Os encontraréis con una torrija con una cobertura caramelizada, ligeramente crujiente, y con un interior sabrosísimo y jugoso.
 

 
Vale, esta elaboración lleva un poco más de trabajo y de cuidado, pero de verdad que merece la pena. ¡Animáos!!!
 
Si sois muy golosos podéis aumentar las cantidades de azúcar que proponemos aquí, pero lo indicado aquí está realmente muy equilibrado y da margen a que cada uno le pueda añadir lo que le apetezca, más azúcar, más aromas, acompañarlas con helados, con chocolates, con mermeladas, con nata... ¡¡¡Rediéz!!! No me digáis que no se os hace la boca un pantano!!!

Ah, y para acabar... una pregunta:

... ¿Hay algún "misterioso reglamento" en el que se indique que solo se pueden hacer torrijas en Semana Santa???????

¡¡¡ Por Dios !!!... ¡¡¡ Esto hay que disfrutarlo a lo largo de todo el año !!!


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Artículo, recetas y fotos: Pedro Castillo y José York
 
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sábado, 20 de marzo de 2021

LA ÚLTIMA ERMITA DE SANTA BÁRBARA

 

APUNTES HISTÓRICOS SOBRE LA CAPILLA CEMENTERIAL DEL “FUERTE CAZORLA”

En la zona más alta del casco urbano de Lerín, a 447 m de altitud y aproximadamente 100 m sobre la cota del río Ega que corre a sus pies por el oeste, se alzó el castillo medieval de Lerín, del que ya hay documentados “tenentes” a partir de la segunda mitad del s. XI. Se conocen varias reparaciones en el castillo en los siglos XIII y XIV, cuando se mencionan el “palacio mayor”, la capilla –que se rehace por ruinosa en 1333-, establos, barbacana y “torrellas” o torres menores.

En la guerra con Castilla, año 1378, se produce la destrucción del castillo. En 1380 figura como “caydo es”. Si acaso fuese reconstruido, siquiera sea parcialmente como parte integrante de la muralla de la villa, sería desmantelado como otras fortalezas navarras a comienzos del s. XVI y comienza entonces el imparable proceso de ruina y expolio de sus materiales. En su solar, sin embargo, se conservó la ermita de Santa Bárbara, patrona de la villa.

Llegó a principios del s. XIX seguramente arrasado, conservando a la vista quizá parte de su planta, especialmente peña de yeso recortada como cimentación de muros exteriores. Y eso es lo que se aprovecharía para acomodar el cementerio.

 

CEMENTERIO DE LA PEÑA O DE SANTA BÁRBARA

A raíz de una mortífera epidemia de “peste amarilla” ocurrida a comienzos del s. XIX se determinó suspender los enterramientos que se venían sucediendo desde época medieval en el interior de la parroquia y en el inmediato cementerio del Pintado, situado justo en frente de la casa de Larramendi, la más señorial de la villa.

Y así hacia 1805, por motivos sanitarios, se trasladan las inhumaciones a un nuevo camposanto que se buscó cercano a la ermita de Santa Bárbara, en lo más alto del casco urbano, lugar menos insalubre que el anterior.

El nuevo cementerio de la Peña tenía planta sensiblemente cuadrada de unos 25 m x 30 m, construidas sus paredes de piedra de yeso sobre la recortada peña y reforzadas sus esquineras con sillares de arenisca, reaprovechados y seguramente procedentes de los propios restos del castillo en cuyo solar se acomodó el nuevo cementerio. Y así, prácticamente de planta cuadrada se representa en un plano de la villa de Lerín levantado con ocasión de la I Guerra Carlista.  


Fig. 1. El cementerio de Lerín, sobre plano de hacia 1837 (Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército, Navarra, Cartoteca, nº 511, Plano de la villa de Lerín, [1835-37]).

 

Pero se estimó que era un camposanto pequeño para las necesidades de la población, en pleno crecimiento tras la guerra civil. 

Precisamente entre el final de la Primera Guerra Carlista y la Tercera (1872-76), hacia 1850, tuvo lugar la ampliación del cementerio ganando espacio en dirección oeste y pasando de una extensión aproximada de 775 metros cuadrados a algo más de 1000. Como novedad aparece un edificio adosado al muro sur del cementerio, con función de capilla cementerial advocada a Santa Bárbara, con la doble función de servir de capilla auxiliar para las necesidades del rito funerario y, al tiempo, como recuerdo y evocación de la histórica ermita de la misma advocación destruida durante la guerra carlista para reaprovechar sus materiales en la obra de fortificación, operación ordenada por el general Espartero en junio de 1837.

La capilla cementerial de Santa Bárbara es un edificio rectangular, de unos 9,40 m de largo y 6,3 de ancho, ocupando una extensión aproximada de 60 m². Se diseñó para ocupar el eje central del nuevo cementerio ampliado, de modo que desde el acceso situado al norte quedara justo enfrente la nueva capilla. Para su construcción se buscaron sillares especiales, muy posiblemente de la anterior ermita de Santa Bárbara, reutilizándolos de intento para significar la continuidad de la advocación aunque en diferente ubicación. Los mejores sillares (tanto de arenisca fina como de autóctono yeso alabastrino) se reservaron para la fachada que daba al cementerio, con clara intención de monumentalizarla. También se reutilizaron numerosos sillares de arenisca en la fachada meridional, hacia la Peña, mientras que en la fachada occidental se utilizó piedra de yeso en su mayor parte. Se desconoce la composición de la pared oriental al servir de frontis para el frontón viejo, presentando encalada su superficie. Es posible que desde su construcción –pues está documentada un “juego de pelota” asociado al cementerio- se pensara en esta función para la pared oriental, que con la existente del cementerio conformaban un singular frontón con pared a la derecha.

 

Fig. 2. Fragmento de un plano militar de Lerín durante la III Guerra Carlista en el que se representa el “Fueret Cazorla” construido en el cementerio. Señalada la capilla cementerial. (Rodríguez Arroquia, Memorial de Ingenieros, 1876).

 

En 1872, año de comienzo de la III Guerra Carlista, se autoriza la construcción de un panteón familiar (“carnerario”) a Antonino Mendigaña. Pero con motivo de establecer un hospital militar en Lerín, y ante la gran cantidad de soldados fallecidos a resultas de heridas ocurridas en las distintas batallas en el entorno de Montejurra y Estella, el cementerio ya no admite más cadáveres a mediados de 1874, según informa el sepulturero. Ante la grave situación, el ayuntamiento decide hacer un nuevo cementerio extramuros, partida de la Valdechate.

A primeros de agosto de ese mismo año de 1874 el general Moriones ordena la construcción de un fuerte aprovechando la altura y panorámicas que disfruta el cementerio. Tras aprobar la planta de la nueva fortificación se ve la necesidad de expropiar una pequeña parte de 130 m², justamente la esquina noroeste. El 10 de agosto, ante la comunicación del capitán Arias para exhumar los cadáveres enterrados en esa zona, el ayuntamiento acuerda trasladar los restos a “la ermita que hay en el mismo cementerio” desenladrillanado el suelo y abriendo la “fuesa” suficiente, siempre y cuando no se presenten obstáculos insalvables. Y en caso contrario, que se vuelvan a enterrar en otro punto del cementerio. Trece días después, el 23 de agosto, se bendecía el nuevo cementerio –actualmente en uso- en el camino de la Piedra.

En octubre las obras del fuerte del cementerio (nombrado oficialmente “Fuerte Cazorla” en memoria del fallecido capitán de Ingenieros Emilio Cazorla y Prats, fallecido en la acción de Santa Bárbara de Mañeru el año anterior) estaban muy adelantadas. Es entonces cuando Moriones decide darle una nueva función al edificio, reforzando “con bóveda de ladrillo la ermita o capilla del cementerio, para situar en su plataforma dos piezas de artillería que batiesen el inmenso horizonte que se descubre desde ese punto” y encargando al capitán Arias su construcción. Durante la visita efectuada el 19 de noviembre el general Moriones dispuso “que se construyera alojamiento para el Gobernador del fuerte Cazorla bajo las nuevas bóvedas de la capilla, destinadas a soportar artillería”. El 15 de noviembre ya estaba terminada la bóveda y con ella, prácticamente concluido el fuerte. Consta que durante el año siguiente y hasta la conclusión de la guerra, el 28 de febrero de 1876, el edificio sirvió de alojamiento al gobernador militar del fuerte. Sobre la terraza ondeaba una gran bandera nacional, según representa un dibujo contemporáneo en el “Álbum del bloqueo de Pamplona”.

Fig. 3. El “Fuerte Cazorla” en 1875. A la izquierda, la residencia del gobernador, con la bandera en la terraza.

 

Una vez traspasada la propiedad de la fortificación por parte de los militares al ayuntamiento de Lerín, mediante escrito de 13 de septiembre de 1877, la antigua capilla pasó a prestar distintas funciones (la última de ellas, como “academia” de música para formación de los componentes de la banda municipal, hasta la década de 1970).

Fig. 4. El “fuerte Cazorla” desde el SW. Revista “La Avalancha”, 1915

 

Sin que conozcamos los motivos concretos, pero muy posiblemente por problemas de humedades generados en la terraza, se procedió a desmontar buena parte de la cubierta, reduciendo ostensiblemente la altura del edificio, que se cubrió con tejado inclinado a un agua, manteniendo mayor altura –casi la original- el muro oriental, pues conservó su función de frontis para el juego de pelota. Esta reforma ostensible debió de producirse en las décadas centrales del siglo XX. En una fotografía publicada en la revista pamplonesa “La Avalancha” en 1915 todavía presenta el edificio un aspecto semejante al que tuvo durante la III Guerra Carlista. Incluso se observan aberturas en el muro que encierra la terraza que bien pudieran haber servido como cañoneras de las piezas de artillería que Moriones pensaba colocar allí.

Hacia el año 2000 se pensó seriamente en demoler el edificio a causa de las grietas existentes en el muro occidental y el evidente abombamiento del muro meridional. La causa de estas patologías en la fábrica del edificio se debe, sin ninguna duda, al empuje que produce el relleno de tierras que colma el interior del edificio con sedimentos de más de 5 m de altura que convendría eliminar.

Fig. 5. Refuerzo del muro meridional. Año 1968.

En 1968 ese empuje era evidente y se trató de solventar con  la construcción en su base de un muro de más de 1 m de altura que actualmente se encuentra removido. Poco después de esa fecha el muro sur fue sometido a un arreglo de su cara externa: se repicaron los restos existentes de yeso rojizo, aplicados en la obra de 1874 en el exterior de todo el fuerte, y se sustituyeron por la banda intermedia y el remate de revoco que se ven en la actualidad.

 


Fig. 6. Ubicación de la antigua capilla cementerial.

 

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Artículo: José Luis Ona

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