miércoles, 5 de agosto de 2026

ROMANCE AL CONDE DE LERÍN

  


MEMORIA DEL CONDE DE LERÍN EN UN ROMANCE OLVIDADO

 (María Rosario López Oscoz)

 

INTRODUCCIÓN

El origen de este artículo se encuentra en un hallazgo. José Luis Ona González, arqueólogo y escritor lerinés afincado en Zaragoza, profundo conocedor y amante de su villa natal, mantiene siempre viva la atención hacia todo aquello que pueda guardar relación con su historia.
Hace apenas unos días, sus investigaciones lo llevaron hasta el castillo aragonés de Trasmoz. Allí, consultando los archivos señoriales dio con un volumen escrito por el propio señor del lugar, Pedro Manuel Ximenez de Urrea, a comienzos del siglo XVI, aunque se trataba de una segunda edición publicada en el XIX. Entre sus páginas, además de abundantes romances de notable interés, encontró uno en particular que llamó su atención: un romance dedicado, nada menos, que al Condestable de Navarra y segundo conde de Lerín, pariente del autor de Trasmoz. 


Quiero destacar el parentesco que existía entre ellos. La madre de Ximenez de Urrea, señor de Trasmoz, se llamaba Catalina Fernández de Híjar y Beaumont (casada con Lope Ximenez de Urrea), y era prima carnal de Luis de Beaumont y de Navarra (segundo conde de Lerín y al que está dedicado el romance). Ambos descendían de hermanos: ella, hija de Catalina de Beaumont y Courton, y él, de Luis de Beaumont y Courton (primer conde de Lerín) y a la vez, hijos los dos del alférez de Navarra, Carlos de Beaumont, y Ana de Courton. 
Sabedor Ona de que este romance es muy poco conocido, me sugirió que me encargara de desarrollarlo para las páginas del blog "Lerín es capital", y aquí lo traigo.

 

 LA FAMA QUE PERSIGUIÓ AL CONDE HASTA NUESTROS DÍAS

La figura de Luis de Beaumont, segundo Conde de Lerín y Condestable de Navarra, uno de los grandes protagonistas de la convulsa Navarra de finales del siglo XV, ha llegado hasta nosotros envuelta en una densa y persistente leyenda negra. Pocas personalidades históricas del ámbito navarro han sido objeto de un juicio tan severo por parte de la tradición popular, que condensó su memoria en un dicho elocuente: “ser más malo que el conde de Lerín”

Bajo esta imagen, transmitida durante siglos, se perfila el retrato de un señor feudal nacido en 1438, despiadado, protagonista de saqueos, abusos de poder y de una política considerada traidora a los intereses del reino. 


Que la Historia vincule su nombre a episodios tan oscuros como la muerte de César Borgia (capitán general de los ejércitos de Navarra al servicio de los reyes Juan de Albret y Catalina de Foix, en el bando agramontés), no hace sino subrayar hasta qué punto su figura quedó atrapada en una narrativa adversa.


Y, sin embargo, como sucede con frecuencia en los personajes que encarnan conflictos de su tiempo, la realidad histórica de Luis de Beaumont dista de ser unívoca. Cabeza visible del bando beamontés en las guerras civiles navarras y en su momento favorable a Castilla, su actuación debe entenderse en el marco de una lucha dinástica y faccional en la que la violencia, la fidelidad de linaje y las alianzas cambiantes constituían prácticas comunes. Para sus contemporáneos del ámbito castellano-aragonés fue, antes que un traidor, un aliado leal a Fernando el Católico, un noble de ánimo firme (no en vano le apodaban "el Valeroso") que sostuvo su causa hasta las últimas consecuencias. Fue también para los suyos un hombre coherente en la derrota, que prefirió el exilio y la pérdida de sus estados antes que la sumisión.


La caída del conde de Lerín fue, en efecto, tan radical como su trayectoria. Desposeído de sus tierras y expulsado del reino en 1507, pasó sus últimos meses en Aragón al amparo de su extensa red familiar. Allí murió en Aranda de Jarque (hoy de Moncayo) en 1508, fuera de la Navarra que había marcado toda su vida política y personal. Su final, señalado por el desengaño y la pérdida, fue interpretado por las crónicas oficiales como la consecuencia lógica de su conducta; pero en el ámbito privado y familiar generó una respuesta muy distinta.


¿PODRÍA SER EN PARTE REDIMIDO?

Es precisamente en ese espacio íntimo donde surge una voz que matiza, e incluso contradice la imagen heredada del personaje. Y es que el poeta Pedro Manuel Ximénez de Urrea, Señor de Trasmoz y sobrino segundo del propio condestable, testigo cercano de sus últimos días, compondría un romance elegíaco en memoria de su pariente, destinado probablemente a su propia madre, prima carnal del difunto, como se ha dicho. En él no aparece el tirano de la tradición popular, sino la figura del caballero medieval perfecto al que se le une el valor, la inteligencia y el honor; prudente en el hablar, firme en la adversidad y, sobre todo, víctima de una fortuna desfavorable que lo condujo al destierro y la ruina. La pérdida de su poder y su muerte lejos de Navarra no son presentados aquí como castigo, sino como injusticia.

 
Este romance de Urrea, inscrito en la tradición elegíaca de su tiempo y cercano en su tono a las Coplas de Jorge Manrique, no solo cumple una función consolatoria, sino que se erige en un testimonio de primera mano que obliga a reconsiderar la figura del condestable desde una perspectiva más compleja. Si hemos de creer, como reza el poema, que era pequeño de estatura y de edad de setenta años, también cabría hacerlo sobre otras afirmaciones que el romance encierra. Por eso, entre sus versos pervive la otra mitad de la verdad histórica: la del hombre que, más allá de la propaganda de los vencedores, fue también admirado, querido y llorado en su vejez y en su muerte, al menos por los suyos.


De sus versos se trasluce que Urrea no pretende reescribir la historia ni negar los hechos, pero sí introduce un matiz imprescindible: el de la mirada cercana, la del testigo que no juzga desde la distancia, sino que recuerda desde el afecto. En dicha composición el condestable aparece como un hombre que, más allá de sus decisiones, supo afrontar la adversidad con entereza. Apodado "el Valeroso", vivió y murió conforme a los valores que definieron su tiempo: valentía, astucia, prudencia, sabiduría, y, en el momento de su muerte, ser un cristiano ejemplar. 


SU SUEÑO: REGRESAR A SU TIERRA

Esa misma tensión, entre caída y dignidad, se prolongará de forma elocuente sobre la historia de sus restos. Desterrado y fallecido fuera de su tierra Navarra, siempre quiso que su memoria permaneciera vinculada a Lerín; es por eso que ordenó que si algún día era restituido en su honor, su cuerpo reposara en su iglesia dentro de un mausoleo de alabastro que había encargado hacer al escultor Gil Morlanes el Viejo. Ese deseo fue cumplimentado más tarde por su hijo Luis, tercer conde de Lerín (tras ser este restituido por Fernando el Católico), al trasladar finalmente los restos de su padre a Lerín.

 

Mausoleo de los condes de Lerín obra de Gil Morlanes el Viejo. Fotografía tomada del artículo Gil Morlanes el Viejo y el sepulcro de Lope Ximenez de Urrea, de María Carmen Lacarra Ducay 


Pero ni siquiera la muerte le aseguró al finado una memoria estable. El mausoleo, primero colocado en un lugar de honor junto al presbiterio, fue desplazado por incomodidades prácticas, más tarde retirado por razones ideológicas, y finalmente separado de los restos que debía custodiar. 

Hoy, ese monumento funerario —concebido como afirmación de linaje y memoria— se conserva lejos de su emplazamiento original, en el palacio madrileño de Liria, mientras los restos del condestable, se presume que en algún momento partirían también hacia el mismo lugar, para finalmente descansar alejados de toda tensión. 


La azarosa trayectoria de su memoria material parece confirmar, siglos después, lo que Urrea ya intuía: que la fortuna —caprichosa e inestable— no dejó de perseguir al condestable ni siquiera tras la muerte.


Quizá, después de todo, la evocación de personajes como Luis de Beaumont no deba resolverse en un juicio definitivo, sino mantenerse en esa tensión productiva entre versiones contrapuestas. Es precisamente ahí donde la literatura —y este romance en particular— nos recuerda que la historia no solo se compone de hechos, sino también de voces. Algunas de ellas, como la de Urrea, han permanecido demasiado tiempo en silencio.



(Esta que sigue es una versión, sutilmente adaptada al castellano actual, del romance que D. Pedro Manuel Ximenez de Urrea, dedicó al Condestable y conde de Lerín)


ROMANCE SOBRE LA MUERTE DEL CONDESTABLE DE NAVARRA
 
El famoso en todas cosas,
magnífico y esforzado,
esforzado Condestable
de Navarra intitulado;

caballero muy guerrero
y en astucias bien probado,
con la persona pequeña
y el corazón bien sobrado.

Viejo ya de setenta años,
verle cuando estaba armado,
ningún romano ni griego
nunca fue más esforzado:

Caballero muy mañoso,
caballero poco hablado,
mas las razones que hablaba
muy sabias en alto grado.

Mas lo tuvo su ventura
a pena predestinado.
Y le ha sido muy adversa,
tanto, que lo ha sojuzgado
a perder todas sus tierras,
y de ellas ser enajenado.

¡De su reyno de Navarra
hallarse el viejo apartado!..
indebido cautiverio
del caballero afamado,

y aun así como él estaba
muy claramente agravado
mostraba ser vencedor
como un romano armado.

Culpada queda ventura
que en él culpa no se ha hallado;
aunque tan amado ha sido
ha sido desamparado;

y aún la fortuna enemiga
de esto no se ha contestado,

hasta que quebrado el punto
de la vida que le ha dado
él se salió de Navarra
con mucha gente y honrado.

Donde dio cabo a sus días
sin haber visto cobrado
todo cuanto allá dejó; 
nunca más le ha aprovechado.

Yo lo vi cuando expiró
después de haber confesado
muy católico cristiano,
después de haber bien rezado;

su alma, que vive en gloria,
él la dio a quien se la ha dado.

D. Pedro Manuel Ximénez de Urrea

(Portada y texto original del romance dedicado al Condestable de Navarra que figura en el Cancionero, escrito por Pedro Manuel Ximenez de Urrea, publicado en Logroño en 1513 y reeditada por la Diputación de Zaragoza en 1878). 
 





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Artículo: María Rosario López Oscoz

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Bibliografía:

Cancionero de don Pedro Manuel Ximenez de Urrea, publicado por la Excelentísima Diputación de Zaragoza. Año 1878. Imprenta del Hospicio Provincial. Pags. 265-266: https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1017363&fbclid=IwY2xjawTS_MlleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBmWTVEdTE4UFZueTlpalVuc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHiQE6AjE27mlH32hFKGedLqs72kP0hExxtn-TLNiDWOhUBiXv9talgxgnh4D_aem_iDuY3r7wdst8QlxHaGkDLA

-GALÉ CASAJÚS Enrique. La creación literaria en el seno de un clan familiar: La obra de Pedro Manuel de Urrea. Universidad de Zaragoza. 2011: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/29/67/07gale.pdf?fbclid=IwY2xjawTS_GdleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBmWTVEdTE4UFZueTlpalVuc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHiQE6AjE27mlH32hFKGedLqs72kP0hExxtn-TLNiDWOhUBiXv9talgxgnh4D_aem_iDuY3r7wdst8QlxHaGkDLA

-GARRIDO YEROBI Iñaki. Las mercedes noviliarias del Reino de Navarra. Origen, evolución y genealogía (siglos XIV-XIX). Año 2020

-LÓPEZ OSCOZ María Rosario. Ildefonso de Arbizu, arquitecto carcarés-lerinés. https://legadodecarcar.blogspot.com/2023/11/ildefonso-de-arbizu-arquitecto-carcares.html . Año 2023

-VIRTO IBÁÑEZ Juan Jesús. El arte al servicio de los condestables de Navarra: su mausoleo en la iglesia de Lerín. Págs. 215-224. Lerín y sus condes en el siglo XVI. Págs. 113-132. Lerín, Historia, Naturaleza y Arte. Agustín Garnica, José Luis Ona (coord.). Ayuntamiento de Lerín. Año 2010

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viernes, 22 de mayo de 2026

PEDRO IBIRICU (Exvoto)

 Hoy traemos al blog de Lerín es Capital uno de esos artículos que se pueden clasificar tanto en la sección de "Personajes Lerineses" como en la de "Curiosidades Lerinesas", incluso, en el de "Patrimonio Lerinés", ya que un cuadro, una pintura, que se conserva en Lerín, es el testimonio gráfico del suceso que hoy nos recuerda y nos relata con detalle Charo López Oscoz.

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Pedro Ibiricu, el niño que cayó desde la torre y vivió para contarlo (Lerín, 1709)

Cuando miras un cuadro recibes de él mucha información, que se acentúa cuando en vez de un cuadro lo que tienes ante ti es un exvoto antiguo

Un exvoto es una ofrenda religiosa; un testimonio público de agradecimiento a Dios, la Virgen o los Santos por un favor o un milagro recibido ante una enfermedad o ante un peligro extremo.

Hoy en día es raro verlos ya que en época moderna la mayoría se retiraron de los lugares visibles en iglesias y ermitas, quedando relegados a entornos discretos. Si das con alguno de ellos y los observas con atención te puedes llevar muchas sorpresas. Y no solo porque nos ofrezca un testimonio antiguo de una fe profunda por un hecho singular del que se habló en su día con gran admiración y fe, sino porque en algunos casos nos habla también de hechos históricos cotidianos. Interesantes datos de la intrahistoria local.  Y esto es lo que ocurre con este exvoto del que os voy a hablar. 


 En la antesacristía de Lerín se conserva, casi en silencio, un testimonio singular del pasado de la villa: un antiguo exvoto pintado sobre lienzo que rememora un suceso impactante que ocurrió el día de Nuestra Señora del Pilar del año 1709.

Han pasado más de tres siglos desde entonces, pero la escena continúa mostrándonos con sobriedad unos hechos que se consideraron milagrosos.

El cuadro representa a un niño en actitud orante, mientras al fondo se refleja el episodio que dio lugar a la ofrenda: la caída desde lo alto de la torre de la iglesia hasta la plaza.

 
(Recorte fotográfico de parte del cuadro con el detalle del niño cayendo desde la torre)

 El protagonista fue un niño de Lerín llamado Pedro, hijo de Lázaro Ybiricu García y de María Moreno Enciso, nacido el 29 de abril de 1700 en el seno de una familia numerosa.

La inscripción del propio exvoto lo cuenta así:

"Pedro Yviricu yjo de Lazaro Yviricu y Maria Moreno Sucedió que el mismo dia de nuestra Señora del Pilar estando mirando como corrian lo torors desde el alto de la tore cayo ciento i cinco pies de alto y fue Nuestra Señora servida de librarle de tan gran peligro y quedo sano y vueno Año de 1709 en Lerin".

La altura de la caída -ciento cinco pies, aproximadamente treinta y dos metros- hace aún más sorprendente el desenlace. Todo hacía pensar que el niño no podría sobrevivir al impacto. Sin embargo, contra toda lógica, salió ileso. 

Este hecho fue interpretado por sus contemporáneos como un milagro, atribuido a la intercesión de la Virgen del Pilar, cuya festividad se celebraba ese mismo día.

Más allá de su dimensión religiosa, el episodio ofrece también una valiosa información sobre la vida de Lerín a comienzos del siglo XVIII. Y es que la escena confirma que en 1709 se celebraban festejos taurinos, y que en ellos participaban toros, no .únicamente reses menores, ¡toros!, lo que aporta  un interesante dato sobre la antigüedad de esta tradición local. Además de advertirnos de que era por el Pilar cuando se celebraban entonces las llamadas "fiestas pequeñas".

Podría parecer extraño que un niño estuviera en lo alto de la torre viendo correr los toros, pero es que era mucha la afición local, y como el balcón de la casa parroquial estaba reservado para las autoridades, la chavalería buscaba cualquier espacio libre de altura desde donde poderlos ver: la torre, el alero de la fachada de la casa parroquial, las columnas salomónicas del frontis del la iglesia, incluso "las picas", eran para los mocetes buenos puntos de oteo a los que encaramarse.

Pedro Ybiricu, no solo salió ileso de aquel suceso, sino que siguió su vida con normalidad. Años después, en 1927, contrajo matrimonio con María Alonso Lázaro, formando su propia familia y dejando descendencia. El niño que había caído desde lo alto de la torre vivió, creció y se integró plenamente en la comunidad que había sido testigo de aquel hecho extraordinario.

Hoy, el cuadro del exvoto permanece como memoria tangible de aquel acontecimiento. Más allá de creencias o interpretaciones, constituye un fragmento de la historia de Lerín que merece ser recordado: un episodio en el que se entrelazan la vida cotidiana, la devoción popular y la pervivencia de una tradición taurina que aún hoy forma parte de la identidad de la villa.

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Artículo: Mª Rosario López Oscoz
Fotografías: José York
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domingo, 3 de mayo de 2026

"SENTIR"

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Artículo: Agustín Garnica

Fotografías: Jose York (excepto las dos primeras)
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                                                                (Foto: Ramón Martín)

El 23 de abril, festividad de San Jorge, es tradición en España celebrar el "Día del libro", fecha que coincide con la muerte de Cervantes y Shakespeare. En algunas Comunidades Autónomas, como Aragón, en la que se celebra la festividad de la Comunidad, o en Cataluña o Madrid, es un día con mucha actividad literaria y en este año de 2026 Lerín no ha querido quedarse atrás respecto a estas ciudades en la celebración del día del libro y para ello ha celebrado el día 24 de abril un recital poético-musical como actividad cultural local.

Su nombre “SENTIR” y sus promotores han sido Eva Moreno Garnica y Ramón Martín López.

Este proyecto "SENTIR" ha consistido en la realización de un concierto poético musical que aborda temas sociales y emocionales de actualidad mediante la palabra escrita, recitada y cantada. La propuesta ha tenido como objetivo combinar la música en directo con la poesía para conseguir la reflexión y participación del público lerinés en esta experiencia cultural. 

El lugar elegido para este concierto ha sido la Ermita de la Virgen de la Blanca, un espacio emblemático de Lerín, aunque actualmente tiene poco uso.

Ubicar el evento en este lugar no solo ha sido una elección estética, es una declaración de amor por el patrimonio local y por los espacios que dan identidad a un pueblo.

Ya casi una hora antes del comienzo del evento había mucha gente esperando en fila en los jardines de la ermita, hasta que, hacia las seis de la tarde, se abrieron las puertas al público.

 

                                                                                     (Foto: A. Garnica)

A la entrada, el equipo de personas voluntarias entregaba a los asistentes un cancionero que contenía las letras de las canciones y poesías que se iban a poder escuchar. La portada del cancionero era el cartel anunciador del concierto, diseñado por Nerea Gallego, y la contraportada replicaba uno de los roll-up que diseñó Clara Urmeneta. Dentro de sus páginas se podían ver ilustraciones realizadas por Consuelo Ochoa.

 Rápidamente se fueron llenando las localidades, tanto los bancos existentes en la ermita, como el buen número de sillas que se pusieron para aumentar el aforo en lo que las medidas de seguridad permitían. También fuera de la ermita se colocaron sillas frente a una pantalla grande, para quienes ya no cabían en el interior.

 

El acto dio comienzo con la lectura del primer poema de Ramón Martín, “Silueta de la música” por parte de Stella Moreno y a continuación se interpretó “Alfonsina y el mar” con Eva Moreno a la voz, Juanjo Úcar y Corín Yerro a la guitarra y Óscar Ontoria en el teclado. 


Fue al finalizar esta canción cuando Eva Moreno realizó la presentación del evento resaltando que todas las canciones seleccionadas lo eran porque hacían alusión a algún tema social, como el de “Alfonsina y el mar” relacionada con el suicidio. 

Eva fue la voz principal en todo el concierto, así como la persona que puso en contexto las canciones. 

La segunda canción, “Amor del Bo”, la cantaron Eva Moreno y Carla Fernández en catalán y estuvieron acompañadas al acordeón por Ángel Luquin y en la percusión por Mari Cortés y Aurelino Conceiçao


El dúo Eva y Carla interpretó también “Palabras para Julia”, famosísima poesía de José Agustín Goytisolo. Estuvieron acompañadas por Irache Enciso a la guitarra, y Noelia Moreno al cajón. La letra nos transmite las palabras de un padre a una hija pequeña tras perder a su madre, ante la vida futura que le espera. La frase “La vida es bella ya verás, como a pesar de los pesares, tendrás amigos, tendrás amor...” es un canto al optimismo.

Otra canción relacionada con la niñez fue “La cara amable del mundo”, interpretada por Eva Moreno, Maite Ábrego y Stella Moreno, acompañadas por la percusión de Eneko Maestu y el coro de los niños del Colegio de Lerín. Esta canción de Rozalén (María de los Ángeles Ortuño) es un canto a la infancia, al amor y a la protección de los más pequeños. 

Los niños participaron en otra famosa canción de Rozalén, “La puerta violeta”, acompañando con gestos a la letra, y pintando sobre una puerta violeta colocada sobre una pizarra. Eva Moreno, acompañada con su guitarra la interpretó junto con Maite Ábrego, y estuvieron acompañadas por Eneko Maestu y Aurelino Conceiçao en la percusión. “La puerta violeta” representa a una esperanza para todas las personas que sufren la violencia y reclama la igualdad entre hombres y mujeres. 

El coro de los niños del Colegio Público Doña Blanca de Navarra estuvo dirigido por la profesora de música, Uxue Astrain Arizala, y sus componentes fueron: Naroa Panata Herrera, Oier Cortés Salanueva, Javier Durban Segundo, Sofía Durban Segundo, Zahira El Khadiri y Leyre Pardo Yerro.

Sin duda, El sitio de mi recreo”, de Antonio Vega, fue una de las que más emocionó a la audiencia. La interpretación de Eva y Stella Moreno, acompañadas al teclado por Amaia Navarro, fue excelente. La letra y la interpretación de Antonio Vega es uno de los iconos de la música, y quizás, por ello, Pau Donés (Jarabe de Palo) la eligió para el final de su vida, como se puede ver en el documental grabado por Jordi Évole con él, tan solo unos pocos días antes de morir. 


El área medioambiental tuvo su eco en la canción de “Padre”, de Serrat, a quien se pudo escuchar en una grabación antes de la interpretación de la misma por Eva Moreno acompañada por Asier Peláez a la guitarra. La canción del río que no es río o del bosque no tiene árboles se la cantó Serrat a su padre en 1973. 


Siguió la canción de Luís Eduardo Aute, “Al Alba”. En este caso Eva Moreno estuvo acompañada a la voz por José Ignacio Arbeloa y Ana Ilzarbe, con Íñigo Arratibel en la guitarra eléctrica, Orlando Caisaguano con guitarra acústica, Óscar Ontoria al saxo, Ruben Oyaga al bajo y a la batería José Antonio Ortuño


Los mismos músicos de la canción anterior, además del violín de Xabier Goyeneche, el acordeón de Ángel Luquin y la percusión de Aurelino Conceiçao, acompañaron a Eva Moreno y Juan Lizarbe, en la canción de Jarabe de Palo “Agua”. 

Dos piezas clásicas, como son “Yolanda”, del músico cubano Pablo Milanés y “La Llorona”, de autor desconocido y origen mejicano, con cientos de versiones, desde Chavela Vargas hasta Rozalén o Rosalía, fueron dos de las canciones que llevaron el concierto hacia su etapa final.

 “Yolanda”, una canción de amor, "amor tan necesario", comentó Eva, fue cantada por Eva Moreno y Juanjo Aguerri, acompañados por Juanjo Úcar a la guitarra, Xavier Goyeneche al violín y Mari Cortés.  


La Llorona”, fue interpretada por Eva Moreno con su guitarra y Maite Ábrego, al guitarrón estuvo Fernando Paternain, junto a Pablo Alonso, laúd, y Mari Cortés a la bandurria.


Todo cambia” fue la canción que interpretaron Eva Moreno, Maite Ábrego y Corín Yerro, acompañadas a la guitarra por Juanjo Úcar, y con Nacho Navarro al clarinete. 


La Venia Bonita”, cantada por Eva Moreno y José Ignacio Arbeloa, tuvo como músicos a Juanjo Úcar y César Ochoa como guitarras, Fernando Paternain al guitarrón, Ángel Luquin al acordeón, además de los violines de Xavier Goyeneche y Noa Irigoyen y las trompetas de Patxi Irigoyen y Carlos Lanz. Esta canción, claramente de estilo de desdicha mejicana, hizo que el violín y las trompetas tuviesen una presencia muy notable. Destacar en esta interpretación a Noa Irigoyen Lanz, de tan solo 11 años, que con su violín tocó junto al veterano Goyeneche. 


Las dos últimas canciones fueron “Txoria Txori”, de Mikel Laboa, y “La Muralla”, canción de Nicolás Guillén, músico cubano, popularizada en España por Ana Belén, letras relacionadas con la libertad la primera y con la justicia social y la esperanza la segunda.

En estas canciones todos los Guitarros subieron al escenario. Allí vimos a Corín Yerro, Juanjo Úcar, Cesar Ochoa, Nacho Navarro, Filo Moreno, Fidel Gorosquieta, Aurelino Conceiçao, Fernando Paternain, Mari Cortés, Pablo Alonso, Maite Ábrego, Ana Ilzarbe, José Ignacio Arbeloa, José Martínez y Eva Moreno


En el cancionero repartido a los asistentes, además de las letras de las canciones, y la indicación de los intérpretes que participaron en cada una de ellas, se pueden leer varios poemas escritos por Ramón Martín. Sus títulos son: “Silueta de la música”, “¡Sentir! Voz y Palabra”, “Última carta”, “Los Sentimientos”, “Pompas de Jabón”, “Línea a 300 metros”, “A la Naturaleza”, “Amistad... Amor y Músicos de la Calle”.

Ya se ha mencionado el poema “Silueta de la música”, recitado por Stella Moreno para iniciar el acto. Otra pieza fue recitada con las voces de Eva Moreno, Noelia Moreno, Maite Ábrego y Stella Moreno, acompañadas por la guitarra de la propia Eva, Eneko Maestu a la percusión y del Coro que hacían los niños del colegio de Lerín.

El último poema recitado “Músicos de la calle” se pudo escuchar en la voz de Javier Yerro y en él se refleja el homenaje que Ramón Martín quiere hacer al grupo “Guitarros de Lerín” y a todas las personas que encuentran la felicidad en la música y la entregan de un modo altruista.

Los aplausos finales del público hicieron salir al escenario a todos los artistas que habían participado en el concierto. En ese momento fue cuando Ramón Martín agradeció al público su asistencia y leyó un texto elaborado con los títulos de todas las canciones que decía:

 “... Fue en el sitio de mi recreo donde pudimos ver a Yolanda que poetizaba unas Palabras para Julia, donde Alfonsina y Amanda contemplaban el mar y fue al Alba cuando vimos la cara amable del mundo llena de Amor del Bo, el que todo cambia, contemplamos el río que sueña Pare con el agua cristalina.

Abrimos la puerta violeta donde vivía la llorona que contemplaba al Txoria, txori en la jaula, y quería su libertad, pero la muralla no le dejaba ver hasta que llegó la venia y lo liberó.

Bendita suerte tuvo el Txoria txori ¡y voló! Esperemos que mañana tengáis un recuerdo de este día que debe ser para todos un encuentro con la lectura, la naturaleza y el amor por la vida”.

 

Al salir del concierto se ofreció a cada uno de los asistentes una maceta de petunias, que recogieron más de doscientas personas, como recuerdo del evento.

Además de los creadores del proyecto y los intérpretes, es justo hacer una mención al trabajo de los profesionales y al de los numerosos colaboradores que contribuyeron de forma eficaz al éxito de la jornada.

 

Para quienes no pudieron asistir al evento en directo, y para quienes queráis volver a verlo, la grabación en video está alojada en el canal de Youtube de Eva Moreno, y podéis acceder desde este enlace: 

VIDEO  "SENTIR"

 

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Artículo: Agustín Garnica

Fotografías: Jose York (excepto las dos primeras)

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