MEMORIA DEL CONDE DE LERÍN EN UN ROMANCE OLVIDADO
(María Rosario López Oscoz)
INTRODUCCIÓN
El origen de este artículo se encuentra en un hallazgo. José Luis Ona González, arqueólogo y escritor lerinés afincado en Zaragoza, profundo conocedor y amante de su villa natal, mantiene siempre viva la atención hacia todo aquello que pueda guardar relación con su historia.
Hace apenas unos días, sus investigaciones lo llevaron hasta el castillo aragonés de Trasmoz. Allí, consultando los archivos señoriales dio con un volumen escrito por el propio señor del lugar, Pedro Manuel Ximenez de Urrea, a comienzos del siglo XVI, aunque se trataba de una segunda edición publicada en el XIX. Entre sus páginas, además de abundantes romances de notable interés, encontró uno en particular que llamó su atención: un romance dedicado, nada menos, que al Condestable de Navarra y segundo conde de Lerín, pariente del autor de Trasmoz.
Quiero destacar el parentesco que existía entre ellos. La madre de Ximenez de Urrea, señor de Trasmoz, se llamaba Catalina Fernández de Híjar y Beaumont (casada con Lope Ximenez de Urrea), y era prima carnal de Luis de Beaumont y de Navarra (segundo conde de Lerín y al que está dedicado el romance). Ambos descendían de hermanos: ella, hija de Catalina de Beaumont y Courton, y él, de Luis de Beaumont y Courton (primer conde de Lerín) y a la vez, hijos los dos del alférez de Navarra, Carlos de Beaumont, y Ana de Courton.
Sabedor Ona de que este romance es muy poco conocido, me sugirió que me encargara de desarrollarlo para las páginas del blog "Lerín es capital", y aquí lo traigo.
LA FAMA QUE PERSIGUIÓ AL CONDE HASTA NUESTROS DÍAS
La figura de Luis de Beaumont, segundo Conde de Lerín y Condestable de Navarra, uno de los grandes protagonistas de la convulsa Navarra de finales del siglo XV, ha llegado hasta nosotros envuelta en una densa y persistente leyenda negra. Pocas personalidades históricas del ámbito navarro han sido objeto de un juicio tan severo por parte de la tradición popular, que condensó su memoria en un dicho elocuente: “ser más malo que el conde de Lerín”.
Bajo esta imagen, transmitida durante siglos, se perfila el retrato de un señor feudal nacido en 1438, despiadado, protagonista de saqueos, abusos de poder y de una política considerada traidora a los intereses del reino.
Que la Historia vincule su nombre a episodios tan oscuros como la muerte de César Borgia (capitán general de los ejércitos de Navarra al servicio de los reyes Juan de Albret y Catalina de Foix, en el bando agramontés), no hace sino subrayar hasta qué punto su figura quedó atrapada en una narrativa adversa.
Y, sin embargo, como sucede con frecuencia en los personajes que encarnan conflictos de su tiempo, la realidad histórica de Luis de Beaumont dista de ser unívoca. Cabeza visible del bando beamontés en las guerras civiles navarras y en su momento favorable a Castilla, su actuación debe entenderse en el marco de una lucha dinástica y faccional en la que la violencia, la fidelidad de linaje y las alianzas cambiantes constituían prácticas comunes. Para sus contemporáneos del ámbito castellano-aragonés fue, antes que un traidor, un aliado leal a Fernando el Católico, un noble de ánimo firme (no en vano le apodaban "el Valeroso") que sostuvo su causa hasta las últimas consecuencias. Fue también para los suyos un hombre coherente en la derrota, que prefirió el exilio y la pérdida de sus estados antes que la sumisión.
La caída del conde de Lerín fue, en efecto, tan radical como su trayectoria. Desposeído de sus tierras y expulsado del reino en 1507, pasó sus últimos meses en Aragón al amparo de su extensa red familiar. Allí murió en Aranda de Jarque (hoy de Moncayo) en 1508, fuera de la Navarra que había marcado toda su vida política y personal. Su final, señalado por el desengaño y la pérdida, fue interpretado por las crónicas oficiales como la consecuencia lógica de su conducta; pero en el ámbito privado y familiar generó una respuesta muy distinta.
¿PODRÍA SER EN PARTE REDIMIDO?
Es precisamente en ese espacio íntimo donde surge una voz que matiza, e incluso contradice la imagen heredada del personaje. Y es que el poeta Pedro Manuel Ximénez de Urrea, Señor de Trasmoz y sobrino segundo del propio condestable, testigo cercano de sus últimos días, compondría un romance elegíaco en memoria de su pariente, destinado probablemente a su propia madre, prima carnal del difunto, como se ha dicho. En él no aparece el tirano de la tradición popular, sino la figura del caballero medieval perfecto al que se le une el valor, la inteligencia y el honor; prudente en el hablar, firme en la adversidad y, sobre todo, víctima de una fortuna desfavorable que lo condujo al destierro y la ruina. La pérdida de su poder y su muerte lejos de Navarra no son presentados aquí como castigo, sino como injusticia.
Este romance de Urrea, inscrito en la tradición elegíaca de su tiempo y cercano en su tono a las Coplas de Jorge Manrique, no solo cumple una función consolatoria, sino que se erige en un testimonio de primera mano que obliga a reconsiderar la figura del condestable desde una perspectiva más compleja. Si hemos de creer, como reza el poema, que era pequeño de estatura y de edad de setenta años, también cabría hacerlo sobre otras afirmaciones que el romance encierra. Por eso, entre sus versos pervive la otra mitad de la verdad histórica: la del hombre que, más allá de la propaganda de los vencedores, fue también admirado, querido y llorado en su vejez y en su muerte, al menos por los suyos.
De sus versos se trasluce que Urrea no pretende reescribir la historia ni negar los hechos, pero sí introduce un matiz imprescindible: el de la mirada cercana, la del testigo que no juzga desde la distancia, sino que recuerda desde el afecto. En dicha composición el condestable aparece como un hombre que, más allá de sus decisiones, supo afrontar la adversidad con entereza. Apodado "el Valeroso", vivió y murió conforme a los valores que definieron su tiempo: valentía, astucia, prudencia, sabiduría, y, en el momento de su muerte, ser un cristiano ejemplar.
SU SUEÑO: REGRESAR A SU TIERRA
Esa misma tensión, entre caída y dignidad, se prolongará de forma elocuente sobre la historia de sus restos. Desterrado y fallecido fuera de su tierra Navarra, siempre quiso que su memoria permaneciera vinculada a Lerín; es por eso que ordenó que si algún día era restituido en su honor, su cuerpo reposara en su iglesia dentro de un mausoleo de alabastro que había encargado hacer al escultor Gil Morlanes el Viejo. Ese deseo fue cumplimentado más tarde por su hijo Luis, tercer conde de Lerín (tras ser este restituido por Fernando el Católico), al trasladar finalmente los restos de su padre a Lerín.
Mausoleo de los condes de Lerín obra de Gil Morlanes el Viejo. Fotografía tomada del artículo Gil Morlanes el Viejo y el sepulcro de Lope Ximenez de Urrea, de María Carmen Lacarra Ducay
Pero ni siquiera la muerte le aseguró al finado una memoria estable. El mausoleo, primero colocado en un lugar de honor junto al presbiterio, fue desplazado por incomodidades prácticas, más tarde retirado por razones ideológicas, y finalmente separado de los restos que debía custodiar.
Hoy, ese monumento funerario —concebido como afirmación de linaje y memoria— se conserva lejos de su emplazamiento original, en el palacio madrileño de Liria, mientras los restos del condestable, se presume que en algún momento partirían también hacia el mismo lugar, para finalmente descansar alejados de toda tensión.
La azarosa trayectoria de su memoria material parece confirmar, siglos después, lo que Urrea ya intuía: que la fortuna —caprichosa e inestable— no dejó de perseguir al condestable ni siquiera tras la muerte.
Quizá, después de todo, la evocación de personajes como Luis de Beaumont no deba resolverse en un juicio definitivo, sino mantenerse en esa tensión productiva entre versiones contrapuestas. Es precisamente ahí donde la literatura —y este romance en particular— nos recuerda que la historia no solo se compone de hechos, sino también de voces. Algunas de ellas, como la de Urrea, han permanecido demasiado tiempo en silencio.
(Esta que sigue es una versión, sutilmente adaptada al castellano actual, del romance que D. Pedro Manuel Ximenez de Urrea, dedicó al Condestable y conde de Lerín)
ROMANCE SOBRE LA MUERTE DEL CONDESTABLE DE NAVARRA
El famoso en todas cosas,
magnífico y esforzado,
esforzado Condestable
de Navarra intitulado;
caballero muy guerrero
y en astucias bien probado,
con la persona pequeña
y el corazón bien sobrado.
Viejo ya de setenta años,
verle cuando estaba armado,
ningún romano ni griego
nunca fue más esforzado:
Caballero muy mañoso,
caballero poco hablado,
mas las razones que hablaba
muy sabias en alto grado.
Mas lo tuvo su ventura
a pena predestinado.
Y le ha sido muy adversa,
tanto, que lo ha sojuzgado
a perder todas sus tierras,
y de ellas ser enajenado.
¡De su reyno de Navarra
hallarse el viejo apartado!..
indebido cautiverio
del caballero afamado,
y aun así como él estaba
muy claramente agravado
mostraba ser vencedor
como un romano armado.
Culpada queda ventura
que en él culpa no se ha hallado;
aunque tan amado ha sido
ha sido desamparado;
y aún la fortuna enemiga
de esto no se ha contestado,
hasta que quebrado el punto
de la vida que le ha dado
él se salió de Navarra
con mucha gente y honrado.
Donde dio cabo a sus días
sin haber visto cobrado
todo cuanto allá dejó;
nunca más le ha aprovechado.
Yo lo vi cuando expiró
después de haber confesado
muy católico cristiano,
después de haber bien rezado;
su alma, que vive en gloria,
él la dio a quien se la ha dado.
D. Pedro Manuel Ximénez de Urrea
(Portada y texto original del romance dedicado al Condestable de Navarra que figura en el Cancionero, escrito por Pedro Manuel Ximenez de Urrea, publicado en Logroño en 1513 y reeditada por la Diputación de Zaragoza en 1878).
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Artículo: María Rosario López Oscoz
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Bibliografía:
Cancionero de don Pedro Manuel Ximenez de Urrea, publicado por la Excelentísima Diputación de Zaragoza. Año 1878. Imprenta del Hospicio Provincial. Pags. 265-266: https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1017363&fbclid=IwY2xjawTS_MlleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBmWTVEdTE4UFZueTlpalVuc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHiQE6AjE27mlH32hFKGedLqs72kP0hExxtn-TLNiDWOhUBiXv9talgxgnh4D_aem_iDuY3r7wdst8QlxHaGkDLA
-GALÉ CASAJÚS Enrique. La creación literaria en el seno de un clan familiar: La obra de Pedro Manuel de Urrea. Universidad de Zaragoza. 2011: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/29/67/07gale.pdf?fbclid=IwY2xjawTS_GdleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBmWTVEdTE4UFZueTlpalVuc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHiQE6AjE27mlH32hFKGedLqs72kP0hExxtn-TLNiDWOhUBiXv9talgxgnh4D_aem_iDuY3r7wdst8QlxHaGkDLA
-GARRIDO YEROBI Iñaki. Las mercedes noviliarias del Reino de Navarra. Origen, evolución y genealogía (siglos XIV-XIX). Año 2020
-LÓPEZ OSCOZ María Rosario. Ildefonso de Arbizu, arquitecto carcarés-lerinés. https://legadodecarcar.blogspot.com/2023/11/ildefonso-de-arbizu-arquitecto-carcares.html . Año 2023
-VIRTO IBÁÑEZ Juan Jesús. El arte al servicio de los condestables de Navarra: su mausoleo en la iglesia de Lerín. Págs. 215-224. Lerín y sus condes en el siglo XVI. Págs. 113-132. Lerín, Historia, Naturaleza y Arte. Agustín Garnica, José Luis Ona (coord.). Ayuntamiento de Lerín. Año 2010
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