Hoy, en LERÍN ES CAPITAL, volvemos a sacar de la fría oscuridad del olvido a un nuevo personaje lerinés. En esta ocasión, Charo López, nuestra "rescatadora de personajes", nos habla de alguien que salió de Lerín muy joven y que, unos años después, se lanzó a la aventura de cruzar el océano.
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MIGUEL JERÓNIMO PORTAL, un lerinés del siglo XVII en La Florida.
Flota de Indias. (Foto: Ecuador Today)Miguel Jerónimo Portal fue un lerinés
que nació y vivió en el siglo XVII y formó parte de una de las expediciones que
marcharon a las Indias en busca de un futuro diferente.
Nació en Lerín el año 1600 y era hijo de Jerónimo Portal y María
Alonso de Mauleón. Jerónimo se
llamaban tanto el padre como el abuelo, y estos fueron en Lerín escribanos
reales. El padre se encargaba también de cobrar, junto con el alguacil, los
cuarteles y alcabalas en los distintos pueblos que abarcaba la jurisdicción del
entonces duque de Alba y Condestable de Navarra, Antonio Álvarez de Toledo, por
su condición de Conde de Lerín. Este escribano se vio envuelto en algunos
pleitos que van a dar pistas para conocer los primeros años de su hijo Miguel
Jerónimo. En marzo del año 1603 pleitea con un colega suyo llamado Antonio
López sobre la entrega de los registros de su progenitor. Probablemente, el
escribano Portal estaba ya dejando sus cosas en orden pues fallece ese mismo año; María, su mujer, pleitea en
ese octubre con un tal Diego de Isaba por la venta de una viña y para entonces
ya se advierte que era viuda; de modo que con solo tres años Miguel Jerónimo
queda huérfano de padre; la familia vivía en régimen de arrendamiento en el “barrio de la Cofradía”, en una casa
propiedad de un tal Maese Antón Borla, que era ensamblador y cantero (en otro
lugar se dice que era fustero o carpintero). Al quedar viuda María, Antón le
reclama la casa y el dinero que le quedaba pendiente. El nombre de Maese Borla
aparece reflejado durante varios años en los pagos que se hacen mientras la
construcción de la iglesia de Mues en su condición de cantero.
Al
enviudar María envía a su hijo Miguel Jerónimo a Madrid, seguramente con la
intención de que fuera educado en el oficio de su padre, y con veinticuatro
años ya se hallaba dispuesto el joven a emprender la aventura de las aventuras
de la época: poner rumbo a las Indias; lo hará como asistente del recién
nombrado gobernador de las provincias de La
Florida, el Capitán General don Luis
de Rojas y Borja, un militar de origen valenciano hijo de Pedro de Rojas y Ladrón (lugarteniente
general de la Orden de Montesa) y Francisca
de Borja y Morello. Ambos pertenecían a dos de las familias valencianas más
importantes e influyentes de la época. El padre era nieto por parte paterna del
Marqués de Poza, y el propio Luis fue Duque de Granja. De la parte materna
pertenecían a la casa Ducado de Gandía, y entre sus parientes más ilustres
estaban san Francisco de Borja, General
de la Compañía de Jesús y su nieto, el duque de Lerma, sin olvidarse de Rodrigo de Borja, el Papa Alejandro VI.

El
Papa Borgia. Alejandro VI. (Foto: Wikipedia)
Para
saber qué significaba para Miguel Jerónimo apoyarse en este importante
personaje es necesario conocer antes algo de su trayectoria. Para el año 1605,
Luis de Rojas era ya Caballero de la Orden de Santiago y a través de su hoja de
servicios se podría hilar una parte de la historia de España: “sirvió tres años en Lombardía, Piamonte y
Saboya, en la cual se halló cuando entró en ella el ejército. Y después fue en
la jornada de Argel. Y de allí pasó a
Flandes, donde la primera vez asistió siete años, y una segunda por otros diez
años más. Se halló en todos los sitios, encuentros y baterías que se
ofrecieron, los más de ellos con una Compañía de Infantería haciendo
particulares servicios y peleando en los mayores peligros, de dónde sacó
heridas. El Archiduque y el Marqués de Espínola escribieron al rey nuestro
señor, que está en gloria, encareciendo su recomendación en merecimiento por
sus buenos servicios, y de su padre y hermanos”. Y así, con este historial
a sus espaldas, y después de consultar al Consejo del Gobierno de Rio de la
Plata y de Santa Marta, el 27 de enero del año 1623, Felipe IV lo nombra Gobernador
y Capitán General de las provincias de La Florida.
Así
que, sin demora, se pone en marcha toda la maquinaria burocrática habitual para
hacerse con todo el papeleo, tanto del gobernador como de su séquito. Y así,
también Miguel Jerónimo completará una serie de trámites que le abrirán las
puertas del nuevo mundo. En Madrid reúne a diferentes testigos que van a dar fe
de él, y no será hasta el 8 de mayo del año 1624 cuando concluyan los
trámites. Gracias a esa documentación, que se guarda en el Archivo de Indias,
aunque digitalizada, se conocen algunas de las características personales y
físicas del joven lerinés: “mozo soltero,
libre por casar, no sujeto a matrimonio, religión ni otra forma. De edad de 24 años, alto de cuerpo, blanco de
rostro, mellado de dos dientes de la parte de arriba….”, a la vez que se
asegura que es cristiano viejo y no tiene mancha de judío, moro, ni penado por
la justicia, como era pertinente acreditar en estos casos.
Se
presenta pues Miguel Jerónimo ante el licenciado Sancho Flores acompañado de
sus testigos. Uno de estos era el también licenciado don Diego Márquez, un cura
de Lerín, beneficiado durante muchos años en su parroquia, que residía ahora en
Madrid y declaraba ser, nada más y nada menos que capellán de la condesa del
Castellar en su monasterio del Corpus Christi, llamado también convento de Las
Carboneras, habitado por monjas jerónimas. La citada condesa del Castellar era
doña Beatriz Ramírez de Mendoza, fundadora de este y otros tres monasterios más,
una mujer que se tuvo que enfrentar hasta con el mismísimo duque de Lerma,
valido de Felipe III y nieto de San Francisco de Borja, como he apuntado
anteriormente. Mujer de gran determinación, falleció en olor de santidad en el
año 1626.
Foto:
Beatriz Ramírez de Mendoza, Condesa del Castellar. Convento de los mercedarios
descalzos del Viso
Este
clérigo, don Diego Márquez, juró in verbo sacerdotis, que vio casar a los
padres de Miguel Jerónimo y que “tuvo con
ellos trato y comunicación en el discurso de cuarenta años”. El sacerdote
acredita tener cuarenta y ocho. Presenta Miguel Jerónimo otros dos testigos
más, Lope Castillo que vivía también en Madrid en la calle de los Jardines, y
Juan de Velasco, que “posaba” en
calle de las Brozas en las casas del contador Diego de Albarado; estos dijeron
también conocerle y dan la consiguiente fe para el caso que firma el escribano
oficial de la Secretaría Real del Consejo de Indias, Gregorio Pérez de Andrade.
Además
de Miguel Jerónimo, el séquito de Rojas y Borja lo componía: Pedro Pérez de Val, natural de Val de
Monterrey (Orense), Luis Páez Jaramillo y de Quirós, natural de
Olmeda, (acaso sobrino de Pedro Páez Jaramillo, famoso jesuita y primer europeo
que llegó a las fuentes del Nilo Azul), Martín
López y de la Vega, nacido en Casarrubios, Juan de Escobar y de Herrera, natural de Madrid y Francisco de Oviedo, oriundo de
Tordesillas, a los que se sumaba la
esposa de uno de ellos. Toda la documentación estará lista y sellada en la Casa
de Contratación de Sevilla para el día primero del mes de junio del año 1624.
Trece
días después zarpa el convoy del puerto de Cádiz rumbo a La Florida en la
llamada Flota de Nueva España que los
llevará a su destino En esta ocasión compuesta por trece navíos, transportando
un total de cinco mil quinientas toneladas de carga y comandada por el general Gabriel de Chaves y Osorio, siendo su
almirante Antonio de Aliri, expertos
marinos acostumbrados a cruzar la mar oceana. No obstante, viajar a Las Indias
en aquella época resultaba una aventura muy arriesgada y no siempre llegaban
las naves íntegras a puerto. La fuerza de los temporales y la agresividad y
rapiña de los piratas que pululaban por aquellos contornos resultaban letales;
apenas dos años antes una expedición similar sufrió graves pérdidas, no solo en
la carga, sino también en bajas humanas y número de embarcaciones.
La península de La Florida había sido descubierta en el año 1513 por el español Juan Ponce de León. Al parecer el hecho
se dio por casualidad cuando iban en busca de la mítica “fuente de la
juventud”: que hacía rejovenecer y tornar
mancebos los hombres viejos. Estuvieron buscándola durante seis meses: “lo cual fue una gran burla decirlo los
indios y mayor desvarío creerlo los cristianos e gastar tiempo en buscar tal
fuente” (Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las
Indias, libro XVI. Vol. I, pág. 482). Y en este loco intento de encontrar la
milagrosa fuente se toparon con tierra firme; al arribar creyeron que se
trataba de una isla, pero a donde habían llegado era a una parte del continente
americano. El día en que avistaron tierra coincidió en el calendario litúrgico
con el Domingo de Resurrección por lo que llamaron al lugar, Tierra
de la Pascua Florida, en la actualidad, simplemente, Florida.
Luis
de Rojas iba a ser el decimocuarto gobernador del lugar, y llegaba sustituyendo
a Juan de Salinas. La toma de posesión se produjo el día 28 de octubre de ese
año 1624, por lo que la travesía atlántica duró algo más de cuatro meses y medio,
un trayecto que guardaría Miguel Jerónimo en su memoria para siempre.
Aunque
hay que pensar que fue un puesto importante, ya que aparece el primero en la
documentación, tras la del gobernador, no se dan pistas de cual fue el cometido
de Miguel Jerónimo Portal al arribar a la Florida. Solo una referencia más
encontraré en lo sucesivo sobre él; sin embargo, apoyada en los documentos y
reales células que Luis de Rojas dirigió durante su mandato a la Corte de
España, y que se custodian en el Archivo General de Indias, podrán servir,
junto a otras fuentes, para recomponer un poco los acontecimientos que se
sucedieron, de los que fue testigo, quizá protagonista, o al menos vivió muy de
cerca.
Enseguida
de llegar a La Florida, Luis de Rojas mandó a una Compañía de diez soldados
españoles y sesenta nativos -de la tribu Guale-,
en busca de un grupo de “jinetes a
caballo” que se habían adentrado desde hacía bastantes meses (mientras el
mandato del anterior gobernador) al interior de la península con la intención
de rastrearla, pero no habían vuelto. Ese territorio, que comprendía lo que
después sería la provincia de Carolina, era reclamado por la corona española,
ya que a consecuencia de las guerras mantenidas entre los Pohoy y los Amacano,
los españoles se habían visto obligados a huir, abandonando momentáneamente la
misión de Cofa, en la desembocadura
del río Suwannee.
En
una de las primeras células que el nuevo gobernador envió al rey le aconsejaba sobre la conveniencia de
construir un fuerte que les protegiera del acoso de piratas ingleses y
holandeses –tan habitual en aquel tiempo-, así como de los “indios crueles”, sin despreciar el
auxilio que dicha fortaleza proporcionaría a los barcos que en no pocas
ocasiones naufragaban en sus costas. Este prudente consejo no fue escuchado por
el rey.
También
se le atribuye a Rojas y Borja la fundación en 1627 de la Misión de San Diego de Helaca a orillas del río San Juan (St. Johns), al oeste de San
Agustín. Desde ese lugar se facilitaba el tráfico de canoas al resto de
provincias.
También
presenciaría Miguel Jerónimo los intentos que tuvo que hacer el gobernador por
apaciguar a los nativos. En el año 1628 Rojas y Borja envió un destacamento de
soldados con objeto de atraer a un gerifalte (segundo en el rango de caciques),
para que “pudiera darle regalos y
negociar una paz”.
Y
es que, con objeto de mantener esa paz, era voluntad del rey de España que
fueran especialmente respetuosos en el trato con los indígenas, y Rojas buscaba
ganárselos con regalos antes de recurrir a las armas. Y así lo manifiesta en
una de sus cartas dirigidas al rey: “veo
la necesidad de mandar personas pláticas hablar con los dichos indios
ofreciéndoles amistad y buena correspondencia, y que si no la querían tener,
sería fuerza de tomar el medio de castigo”. En esa misma cédula le explica
el método seguido para granjearse la amistad de los indios, especialmente de
los “caciques más principales que tuve
aquí muchos días, regalándo en todo lo posible, de que quedaron satisfechos y
muy amigos; y después acá, las veces que han llegado a la costa de estos indios
navíos ingleses y olandeses no los han admitido ni rescatado y an venido a
darme aviso y hay nabios de enemigos en la costa, y dos veces que desembarcaron
hacer agua, desampararon los lugares y se retiraron al monte, y otros vinieron
a dar aviso y pedir socorro. Y con esta amistad y correspondencia que he tenido
y procuro conservar, confio en Nuestro Señor no será menester el castigo y con
este medio mas suave se hevitaran muchos daños en el servicio de Nuestro Señor
y de sus almas y de su Magestad”. En dicho documento también da cuenta de
las muchas fechorías que los españoles sufrieron a manos de esos mismos indios:
“que an perecido tantos a mano de los
barbaros, y algunos Religioxos y soldados de este Presidio (...)”. Tal documento se firmó en San Agustín de la
Florida el día 30 de junio del año 1628
Y
luego estaban los piratas ingleses y holandeses que pululaban siempre por la
zona y hostigaban, tanto a españoles
como a indígenas.
Ilustración
1foto charles m hutson
Durante
el año 1627, Rojas y Borja envió a la zona norte de la región, para su
reconocimiento, dos nuevas expediciones dirigidas en esta ocasión por Pedro de Torres. Este lugar estaba habitado por la tribu de los Apalaches. Como esta tribu practicaba
una agricultura eficiente, proveían de alimentos a los habitantes de san
Agustín. Hay que resaltar que con esta tribu los españoles llegaron a congeniar
sin demasiados problemas.
La primera de esas expediciones la componían
veinte soldados españoles y sesenta indios aliados. Ya en la segunda llegaron
hasta el interior del territorio donde encontraron la ciudad de Cofitachequi de la que no se tenían noticias desde la
primera incursión en el año 1539 que lideró Hernando de Soto.
Es
difícil saber hasta qué punto se involucro Miguel Jerónimo en los
acontecimientos que tuvieron lugar mientras gobernó Rojas y Borja en La
Florida, pero ahí se mantuvo él hasta que el gobernador concluyó su mandato.
Tiempos de afianzamiento tras la conquista; de incertidumbre y zozobra, ya que
a pesar de la aparente situación de privilegio estuvieron expuestos a toda
clase de peligros y contingencias.
Rojas
y Borja cesó en su cargo de gobernador de La Florida en el año 1630. Al
concluir su mandato tocaba someterse al llamado “juicio de residencia”, como
estaba establecido para todas las personas que desempeñaban un papel principal
de gobierno en las Indias. Un juicio recto y temido, caso de no haber
desempeñado rectamente el cargo. Si alguna persona tenía algo que alegar o
queja que presentar sobre la actuación del residenciado, ese era el momento de
hacerlo. En el juicio que se le hizo a Rojas y Borja, gestionado como era
habitual por su sucesor (en este caso, Andrés Rodríguez de Villegas), solo se
presentaron dos demandas contra él, y una de ellas la presentó precisamente
Miguel Jerónimo Portal y Alonso de Mauleon. Un valioso documento que se
encuentra custodiado en el Archivo de Indias y que no ha sido todavía
digitalizado; importante legajo que guarda valiosa información que daría más
luz a este trabajo ya que facilitaría cual fue la labor que desempeñó Miguel
Jerónimo en la Florida durante ese tiempo.
Se
entiende pues que tras la marcha del gobernador, Miguel Jerónimo se quedó en la
Florida. Rojas y Borja, por su parte, continuó desempeñando en otros lugares
nuevos cargos y responsabilidades. En el año 1633 es nombrado
Presidente-Gobernador de Panamá. Para el año 1635 y con el título de Duque de Granja y Maestre de Campo, además de
General del Ejército de la Capitanía de Pernambuco (Brasil), comandaba la
flota hispano lusitana en Alagoas,
defendiendo el Sitio de Pernambuco en la guerra contra los holandeses. En enero
del año siguiente, Luis de Rojas caerá muerto mientras la batalla de Mata Redonda. La narración que se hizo
de su muerte muestra el modo de ser, de vivir y de morir de un personaje propio
de su época. Transcribo la última parte de la narración ya que aporta aspectos
de la personalidad del personaje al que sirvió el osado lerinés.
Dice uno de los testigos oculares y cronista de la batalla de Mata Redonda, que cuando el miltar advirtió que la estrategia bélica por él ideada funcionaba: se llenó Don Luiz de Roxas de tanto fervor, que dio a voces a los Capitanes, y soldados, diciendo: No se gaste más murmón, vamos a ellos, invistamos, que la victoria es nuestra. Tocó a invertir, y movidos los dos batallones uno contra el otro, se empezó a pelear valerosamente con muchas muertes, y heridas de ambas partes. Sonaba la vozería, tocaban las trompetas, volvían las cajas, silbaban las balas por el aire, todo era confusión de parte aparte; yendo ya el enemigo perdiendo alguna tierra, y los llevando sobre ellos, andaba Don Luiz de Rojas en medio de nuestro escuadrón, animando a los soldados, y proveyendo los puestos como via ser necesario. Y teniendo la cara para el enemigo, he aquí que se le dio por la espalda, y le pasó por la parte. Cayó en tierra, y luego se volvió a levantar, diciendo: no es nada, delante soldados, que el enemigo va vencido; me dan mi caballo. Y con ganas de poner un pie en el estribo para montar, que dijo estas palabras:¿Es posible que se me haze estar entre los nobles portugueses? Y luego cayó extendido en tierra muerto. Esto era el día 18 de enero de 1636.
Batalla de Pernambuco. Museo
Naval
Tiempos inciertos y empresas difíciles las que vivieron estos personajes. Sobrevivir en aquellos escenarios suponía un milagro y llegar a hacerse viejos, un milagro mayor. Es lo más probable que Miguel Jerónimo no regresara nunca más a España ni tampoco a su Lerín natal. Y es también muy probable que allí se casara y a día de hoy siga habiendo descendientes suyos en la Florida; unas tierras que fueron de dominio español y que pasaron más tarde a pertenecer a los llamados Estados Unidos de América. Allí quedó pues la historia y la memoria de este lerinés desconocido para sus paisanos, que se lanzó hace cuatrocientos años a vivir una vida plagada de peligros y dificultades, sin llegar a sucumbir.
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Artículo: Charo López Oscoz
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