viernes, 4 de junio de 2021

ALCACHOFAS

 

 
No cabe duda de que la alcachofa es un producto fuertemente arraigado en la tradición culinaria lerinesa.
 
Ya va muy avanzada la temporada de esta hortaliza, pero aún se puede consumir fresca. Por eso, en LERÍN ES CAPITAL no hemos querido esperar más para compartir con vosotros algunas recetas y de este modo animaros a consumirla, ya que, además de su indudable valor gastronómico, es un producto muy saludable. 
 
Ya sabéis que aquí, además de proponeros algunas ideas sobre formas diferentes de prepararlas, con estas recetas de sencilla elaboración pretendemos que os animéis todos a meteros en la cocina, pero especialmente quienes quizás por pensar que son productos que solo los saben preparar manos expertas, no se atreven o no se deciden a dar el paso de cocinarlas en su propia casa.
 
De verdad, animáos, porque si seguís estas recetas (ojo, que no son de "corta-pega" de la red sino que están bien comprobadas y realizadas por quienes las redactamos en el blog) veréis que todos estáis perfectamente capacitados para realizarlas en casa. Alguna de las elaboraciones puede llevar un poco más de tiempo o de "mimo", pero os aseguramos que son completamente asequibles para absolutamente todo el mundo. 
 
Ah, y no olvidemos que la alcachofa es un producto que, como ocurre con el espárrago, es maravilloso para consumirlo en fresco, en temporada, pero que también las podemos disfrutar durante todo el año utilizando las magníficas conservas de nuestra tierra. También las podéis encontrar congeladas, pero... debéis hilar fino y buscar calidad.

Quizás, la principal duda o complicación que les puede venir a la cabeza a los "menos expertos", es el tema del "pelado" de la alcachofa. ¿Cómo las pelo? y sobre todo... ¿Hasta dónde pelo?... ¿Cuántas hojas quito?... Por eso, antes de entrar de lleno con las recetas, vamos a intentar ayudaros a evitar ese problema.

Aquí no vamos a enseñar a quienes ya seáis expertos y lleváis muchos años pelando alcachofas, pero no son pocos quienes se han animado a prepararlas por primera vez y, tras un fracaso inicial en que les han quedado duras o ásperas, no lo han vuelto a intentar. Así que vamos a daros un par de consejos sobre cómo hacerlo.

Si buscáis videos por internet sobre este tema, es muy posible que, de 10 videos, al menos 8 sean diferentes unos de otros, y os acabéis haciendo un lío sin decidiros por ninguno. 
 
Por ello, y para simplificar, os vamos a aconsejar DOS formas de hacerlo completamente distintas, una la más tradicional y extendida, y otra supersencilla y superrápida. Vosotros podéis probar la que mejor os convenga según la ocasión. Lo que os aconsejamos es que probéis a utilizar ambos, es decir, uno u otro según para qué o cómo las vayáis a utilizar.
 
Sobre la forma de pelarlas y los métodos de prepararlas no hemos hecho fotografías aún. Si en breve las hacemos, las incorporaremos al artículo, para que podáis verlo más claro cuando consultéis otra vez las recetas.
 
Si en un futuro próximo conseguimos mejorar también nuestros medios para la grabación y edición de videos, esperamos poder incluir en nuestro canal de Youtube este tipo de elaboraciones, para que se vean aún más claro. Pero de momento, seguro que lo entendéis perfectamente aquí, por escrito.
 
 
La alcachofa es una hortaliza que no resulta "muy barata", y además, tiene mucho "desperdicio". Estos "desperdicios" (hojas, tallo y pétalos desechados, etc) suelen ser utilizados para caldos con interesantes propiedades saludables, pero ahora vamos a centrarnos en el "corazón" de las alcachofas, la parte más noble y sabrosa. 
 
Hace tiempo me dieron el siguiente consejo: "Aunque la hayas pagado cara, la alcachofa hay que pelarla como si te la hubieran regalado". Es decir, que no hay que intentar aprovechar el máximo posible porque es fácil que dejéis zonas duras y la experiencia será menos agradable.   

- 1er método (recomendable para cierto tipo de guisos y también si es que no tenéis cazuelas muy grandes y vais a preparar bastante cantidad) Este método es el utilizado en nuestras 2 recetas primeras y es el más tradicional en nuestras casas.
 
Lo ideal es utilizar una puntilla (cuchillo corto y afilado).

- En primer lugar, cortar el tallo hasta dejalo en unos 5 cm, Desechar el resto del tallo.
 
- Si nos fijamos en el corte transversal del tallo, vemos una parte más blanca central y una zona más verde y fibrosa alrededor. Pelar el tallo quitando la parte exterior hasta dejar solo la zona más clara y tierna. 
 
- Después, vamos quitando los pétalos más exteriores pero no apurando demasiado hasta abajo. Ya lo apuraremos al final. Según vamos quitando capas, las internas van saliendo más claras, continuamos quitando pétalos hasta que veamos que lo que va quedando es casi blanco y tierno.
 
- Seguidamente, se recorta la parte baja alrededor de la "copa" quitando los restos más verdes de pétalos que han quedado por abajo e igualándolo (Viendo las fotos de la primera receta, os podéis hacer una idea de hasta dónde hay que llegar).
 
- Finalmente, cortamos la punta de la flor de la alcachofa y se desecha. Tened en cuenta que "la punta" puede ser la mitad de la alcachofa e incluso más, dependiendo de la forma de esta y de la elaboración que vayamos a preparar. Finalmente, y si en el centro de la alcachofa hubiera una zona con "pelillos", con una cucharilla de café o de postre, escarbamos un poco en el centro de la flor para eliminar esa zona.

Hay que tener en cuenta que este proceso es más minucioso si las vamos a preparar de forma "bonita", es decir, como en la primera receta que os proponemos, pero si las vamos a trocear como en la segunda receta, es decir, para un arroz o para un calderete, no hay que andar con tantas contemplaciones, cortamos el tallo "a ras" de la flor y así se pela éste con más facilidad, y luego la alcachofa se pela hasta lo más claro, se trocea y punto. 
 
Según las vamos pelando, las echamos a un bol con agua muy fría, o con hielo.

Una cosa muy importante a tener en cuenta es que la alcachofa, desde el momento en que se comienza a pelar y el aire entra en contacto con la zona interior, se oxida rápidamente. Es decir, se empieza a poner negra.
 
También se manchan las manos de negro. Esto se puede evitar poniéndose guantes o, en su defecto, limpiándose las manos con limón al acabar. (Actualmente, los guantes de nitrilo aptos para uso alimentario son muy baratos y utilísimos para este y otros muchos usos en el hogar o en el trabajo).
 
Hay quien aconseja añadir zumo de limón al agua fría para evitar que las alcachofas se oxiden, pero esto da bastante sabor a limón y nosotros queremos que las alcachofas sepan a alcachofas, no a limón. Así que lo ideal es poner en el agua fría una cucharada de harina y un puñado de perejil. Esto es tan antioxidante como el limón y no aporta ningún sabor.
 
Cuando estén todas peladas, escurrimos y ya podemos proceder a su elaboración.

 
 
- 2º método  (SUPERSENCILLO y RÁPIDO) 
 
Este método es perfecto si no queréis complicaciones.
 
Se trata de cocerlas enteras, sin pelar. Es decir, dejáis un trozo de rabo de unos 5 o 6 cm y la alcachofa, entera, con todos sus pétalos, a la cazuela, con agua y sal. Se pone al fuego 30 minutos (+/-) y listo. 
Para comprobar si están hechas, se coge una y con un cuchillo se comprueba si la punta entra fácilmente en el tallo. Si entra bien y no está duro, las alcachofas están hechas. Las sacamos y las dejamos en un recipiente.

Principales ventajas de este método frente al anterior:
- Muy poco trabajo.
- Las alcachofas no se oxidan.
- No nos manchamos las manos.
- El pelado, una vez hechas, es sencillísimo. Las hojas están blandas y vemos perfectamente hasta dónde quitar para dejar la zona más tierna. Se quitan con una cucharilla y mucho cuidado los pelillos del interior si los hubiera, y listo. 
- Una vez cocidas, podemos utilizar solo unas cuantas, las que necesitemos, y el resto dejarlas sin pelar. Si las dejamos bien tapadas en el frigo pueden aguantar perfectamente cuatro o cinco días. Cuando vayamos a usarlas, las pelamos y ya está. Así de sencillo.
 
Principales "pegas" de este método frente al anterior:
- Las alcachofas "sin pelar" ocupan mucho, por lo que en una cazuela "normal" caben pocas. Por esto, dependiendo de la cantidad que se vaya a hacer, puede que sea necesaria una olla alta bastante grande.
- Las alcachofas sin pelar "flotan", y para hacerse bien tienen que estar totalmente sumergidas. Por eso, es aconsejable, una vez éstén las alcachofas en la cazuela, poner por ejemplo, un plato encima, para que éste las mantenga sumergidas. Algunas ollas ya traen tienen un complemento para hacer cosas al vapor que también nos puede valer para este propósito poniéndolo encima.
 
Con cualquiera de estos dos métodos os aseguramos que las alcachofas os van a proporcionar grandes satisfacciones.
 
 
Vamos pues con las recetas.
 
 
 

ALCACHOFAS CON JAMÓN
 
 
Ingredientes:
 
- 16 alcachofas
- 1 c.s. harina
- 4 c.s. aceite oliva V.E.
- 2 dientes de ajo
- 100 gr jamón serrano
- Sal 
- Un ramillete de perejil
 
Elaboración:
 
- Limpiar las alcachofas quitando las hojas exteriores, repelando el rabo y poner en agua fría con unas hojas de perejil.
 
- En una olla, poner agua con sal y unas ramas de perejil. Cuando esté hirviendo, añadir las alcachofas. Cocer a fuego medio durante unos 15 minutos. Sacar y cortar por la mitad. Reservar. Guardar un poco del agua de cocción.
 
- En una sartén con aceite, se fríen los ajos bien picados. Cuando tomen color, añadir el jamón cortado en tacos y la harina que guisaremos removiendo unos 2 minutos.. Poner un poco del caldo de cocción, seguir removiendo hasta lograr una salsa a nuestro gusto. Poner las alcachofas y mezclar con cuidado manteniendo en el fuego unos 3 minutos más.
 
Notas:
 
La cantidad de caldo de cocción y de jamón se añade al gusto de cada cual en función del gusto personal, lo que puede variar la cantidad de harina.
 
Los ajos secos se pueden sustituir por ajos tiernos y se puede también utilizar cebolla cortada muy fina en el refrito.


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ARROZ CON ALCACHOFAS Y ESPÁRRAGOS



Ingredientes (4 personas):
 
- 400 gr arroz
- 400 gr de muslos de pollo deshuesados
- 4 dientes de ajo
- Una cebolla pequeña
- 50 gr de pimiento verde
- 100 gr de alubia verde
- 1 zanahoria 
- 6 alcachofas
- 300 gr espárragos
- 200 gr champiñones
- 150 gr tomate natural
- 2 c.s. de pulpa de pimiento choricero
- Caldo de verdura (aproximadamente, 3 veces el volumen del arroz)
- 50 gr de aceite de oliva V.E.,  mas lo necesario para freír las verduras
- Sal
 
Elaboración:
 
- Se parte el pollo en trozos regulares de 3 o 4 cm. Reservar.
 
- Se cortan las puntas de las alubias verdes, se limpian con un pelador las hebras laterales y se parten en trozos regulares de 4 o 5 cm, dando un corte longitudinal por la mitad. Reservar.
 
- Se pela la zanahoria, se quitan las puntas y se parten en bastones de 4 o 5 cms. Reservar.
 
- Los espárragos se pelan, se cortan a la mitad y luego en bastones a cuartos. Reservar.
 
- Las alcachfas se limpian y se parten en cuartos. Reservar.
 
- Los champiñones se limpian de tierra y se laminan. Reservar.
 
- Los ajos, la cebolla y el pimiento verde se cortan finamente. Reservar.
 
- En una sartén con aceite, se van salando y friendo individualmente el pollo, las alubias verdes, la zanahoria, los espárragos y las alcachofas, sacando a una fuente.
 

 
- En una cazuela o paellera, se pone el aceite y se rehoga el ajo, la cebolla y el pimiento verde unos 5 minutos, añadiendo el tomate y la pulpa de pimiento choricero.
 
- Añadir el caldo y darle un hervor.
 
- Poner el arroz bien esparcido e ir colocando el pollo, alubia verde, zanahoria, espárragos y alcachofas.
 
- Mantener a fuego vivo los primeros 5 o 6 minutos. Rectificar de sal y bajar a fuego medio otros 10 minutos más.
 
 
- Comprobar el punto del arroz y en dos o tres minutos habrá que sacar del fuego, tapar y dejar reposar 5/10 minutos.
 
 
Notas:
 
- La carne puede ser otra. Va bien el magro de cerdo o la costilla.

- Las verduras lo mismo. No hay por qué usar las que se indican, pueden ser otras. En este caso se han usado espárragos blancos pero el verde funciona muy bien.
 
- En esta receta se fríe todo previamente, lo cual permite que cada producto conserve sus cualidades.
 
- Los tiempos del arroz, así como la cantidad de caldo, dependerá tanto del tipo de arroz que se use, como del recipiente. Por tanto, probar y rectificar es la mejor solución. 
 
 
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ALCACHOFAS RELLENAS EN TEMPURA
 

 
Esta receta está realizada con corazones de alcachofas EN CONSERVA, por lo que podéis prepararlo en cualquier época del año, y es un aperitivo espectacular con el que vais a triunfar, fijo.
 
Ingredientes:
 
- Alcachofas (conserva) 1 bote
- Jamón, unas lonchas
- Harina de tempura. En casi todos los supermercados, hoy en día, es muy fácil encontrar tempura. Hay varias marcas ("Blue Dragon", "Santa Rita", ...). Se puede preparar en casa, pero comprarla ya preparada facilita mucho la receta. Si no encontráis, podéis hacer un rebozado normal, o una pasta "Orly" y también están ricas. La gracia de la tempura es que se hace muy rápido y al freír queda muy crujiente.
- Aceite de girasol

Elaboración:
 
- Abrir el bote de alcachofas un buen rato antes de prepararlas y ponerlas a escurrir boca abajo sobre papel absorbente. Tienen mucha agua dentro, por lo que habrá que ir cambiando el papel varias veces. Es muy importante que queden bien secas. Manejar con cuidado, porque son frágiles y conviene que no se rompan ni pierdan la forma.

- Picar el jamón en trocitos muy pequeños.

- Con mucho cuidado, abrir un hueco en el centro de la alcachofa, bien con el dedo o bien ayudándonos con el mango de una cucharilla pequeña, y rellenar con trocitos de jamón. Apretar un poco el jamón al rellenar para evitar que pierda trocitos cuando lo rebocemos. Cuando estén todas rellenas, reservamos.

- Preparar la tempura: En un bol mediano, ponemos un poco (medio vaso) de agua muy muy fría (mejor de la nevera). Si es necesario y hace calor, añadirle un pequeño hielo mientras disolvemos un par de cucharadas soperas de tempura. Conviene dejar una textura cremosa. No demasiado diluída, porque cubrirá poco, ni demasiado espesa porque quedará basto el rebozado. No dejar que pierda el frío (es importante para que quede bien crujiente). Si no se va a utilizar al instante, meter al frigo hasta el último momento. 
 
- En un cazuela pequeña o freidora, poner aceite abundante (las alcachofas tienen que "nadar")

- Cuando esté bien caliente, pasar las alcachofas de una en una por la tempura y ponerlas a freír. No hacer muchas a la vez para que no se peguen entre ellas.

- Cuando estén ligeramente doradas, sacar y dejar unos minutos sobre papel absorbente para evitar el exceso de aceite.

- Listo. Mejor comer calientes o templadas.




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Artículo y recetas: Pedro Castillo - José York
 
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viernes, 14 de mayo de 2021

MATÍAS OCTAVIO


Hoy, en LERÍN ES CAPITAL, nos alegramos por poder dar un paso más en nuestro empeño de poner en valor el patrimonio humano e histórico de nuestro pueblo.

El arduo y minucioso trabajo de investigación de Charo López Oscoz nos proporciona de nuevo la satisfación de lograr rescatar del olvido a este personaje lerinés. Personaje de relevancia en su faceta religiosa, pero también en la científica, incluso en la social y comercial, y que llevó a cabo buena parte de su tarea en el otro extremo del mundo.

Conozcamos pues a...

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MATÍAS OCTAVIO, UN ILUSTRADO FRAILE LERINÉS.

 



Tendemos a no ser conscientes de las consecuencias que a la larga tienen nuestros actos hasta que no se ven en perspectiva y tampoco Matías pensó en ellos el día que abandonó su Lerín natal. Su vida sin embargo dejó una honda e importante huella que inexplicablemente apenas es conocida; ya es hora pues de sacarla a la luz.

Nace Matías Octavio en Lerín (Navarra) en el año 1743, y aunque no hay precisión exacta sobre el nombre de sus padres, todo apunta a que era hijo de Francisco Octavio de Toledo Martínez, y María Martina Abadía Martínez. Estos, que también eran naturales de Lerín, se habían casado en la iglesia de Santa María en el año 1738. El niño Matías habría recibido en la pila del bautismo el nombre de su abuelo paterno.

Según un estudio realizado por Eduardo Morales Solchaga, los Octavio de Toledo eran una familia de infanzones que en el año 1601 se habían instalado en Lerin procedentes de la ciudad aragonesa de Tarazona. Una tía paterna de Matías, llamada Joaquina, se casó con Manuel Bernardo de Larramendi, personaje relevante en el Lerín de la época y uno de los comerciantes más pujantes de la villa. La casa que Larramendi mandó construir está situada muy cerca de la iglesia, en la zona denominada El Pintao y más tarde llamada calle de Larramendi en recuerdo a este señor; esta es una casa palacio de cuya fachada penden los escudos de armas de los apellidos del matrimonio: los Larramendi y los Octavio de Toledo.

 
Escudo Octavio de Toledo


 
Escudo Larramendi

 

 Se deduce pues que Matías formaba parte de una familia acomodada. No se conocen datos de la infancia de este personaje pero, a tenor de lo que se verá después, tuvo que influir bastante el entorno rural en el  que se crió.  En el año 1760, cuando contaba diecisiete años de edad, deja Lerín y entra en religión en el convento de la orden calzada de San Agustín de Pamplona. Asegura la antropóloga Piedad Peñaherrera de Costales en su libro: Los Agustinos Pedagogos y Misioneros del Pueblo (1573-1869) que: los novicios o coristas eran jóvenes que se seleccionaba por sus talentos y cuna, lo que corrobora que Matías era de familia bien. Comienza pues su formación con las preceptivas clases de Gramática, Latinidad y Filosofía. Cuando había completado ya dos cursos se traslada al Real Colegio Seminario que en Valladolid tienen los Padres Agustinos. Este era un colegio pionero en España y se creó con objeto de formar religiosos para enviarlos a las misiones de Extremo Oriente. En Valladolid hace Matías un año de Artes y para primeros del año 1763, se une a una de las misiones que partieron rumbo a Filipinas.

foto: convento Agustinos Filipinos en Valladolid. Claustro. Foto Pablo Puchol.

Por su ubicación estratégica, las Islas Filipinas estaban especialmente expuestas a continuas zozobras. En el mes de octubre del año anterior (1762) los ingleses habían entrado en la isla de Luzón y habían tomado la ciudad de Manila además de otras poblaciones limítrofes saqueando a su paso conventos e iglesias;  en este estado de cosas llega Matías a las islas donde es admitido y prohijado en el transcurso del Consejo Provincial reunido el día 25 de julio en la población de Malolos (Luzón central). Profesa como Hermano Corista y sigue su formación religiosa hasta acabar la carrera eclesiástica y ser ordenado sacerdote. Y como buen agustino,  también Padre Predicador. Su primer destino se centró en el Vicariato de Santa Ana, una población situada en la región de la Pampanga dentro de la misma isla de Luzón. Desempeña aquí las funciones de Vicario Prior. Aprende perfectamente la lengua tagala, propia de la zona, y consigue involucrarse en la vida de los pobladores como un respetado cura de almas.

                                                

 
 (Mapa Filipinas año 1744 foto:BNE Tesoros al descubierto)

Además de las tensiones externas apuntadas, Filipinas, como ocurría también en el resto de provincias españolas, vivía períodos inestables y de intrigas de poder que a veces salpicaban también a los religiosos. Uno de estos episodios le tocó vivir al fraile lerinés en sus propias carnes. Al parecer el recién nombrado gobernador de Filipinas, el alavés Simón de Anda y Salazar había sido antes magistrado en las propias islas, y se la tenía guardada a los religiosos por cierto asunto en el que estos no se habían mostrado de acuerdo con él; de modo que en cuanto tuvo ocasión trató de vengarse y lo hizo aprovechando que el obispo Basilio Sancho de Santa Justa y Rufina, que había sido nombrado expresamente por Carlos III para llevar a cabo ciertos y profundos cambios regalistas (hacer el rey suyas potestades y prerrogativas del clero), hizo presión para conseguir la sumisión de los frailes. El obispo quería hacer una Visita Pastoral para clausurar ciertas parroquias ya que quería  fundar un seminario diocesano y traspasarlo después a un posible clero secular nativo. Los frailes, “que con enorme esfuerzo se había mantenido hasta ese momento”, como ellos mismo aseguraban, se resistieron, ya que entendían que esto suponía una injusta injerencia en asuntos monásticos.

 Según se puede ver en los documentos, un grupo de agustinos mantuvo reuniones y conciliábulos para ver el modo de contrarrestar lo que consideraban un abuso de poder; este desafío no iba a quedar sin consecuencias y provocó que diecinueve de estos frailes, todos establecidos en la región de la Pampanga, fueran  destituidos y expulsados de sus parroquias; entre ellos se encontraba fray Matías Octavio.

Lámina de ilustración filipina. 1859. Foto: reinamares.hypotheses.org

Cuando ya habían tenido lugar los hechos y relegados ya en el convento de San Pablo de Manila, los frailes hicieron una declaración jurada (in verbo sacerdotis) relatando el modo en que habían ocurrido los hechos. El P. Octavio hizo su declaración el día 11 de diciembre del año 1771 y en ella decía que el día 6 del mes anterior se presentaron en la Vicaría de su parroquia de Santa Ana, el Alcalde Mayor de la Provincia, el Sargento Mayor de la plaza de Manila y el Provisor interino del Obispado, acompañados por varios granaderos, asegurando que a todos ellos “recibió con toda urbanidad y política convidándoles a tomar algún sustento”. El alcalde le leyó sendos decretos que traía de parte del gobernador y del propio arzobispo. Este último directamente le destituía y nombraba como sustituto a un sacerdote que allí se presentó llamado Diego Gutierres.

El P. Octavio, que por lo que él mismo aseguraba no había opuesto ningún tipo de resistencia, los pasó seguidamente a la sacristía donde les hizo entrega de los libros parroquiales y todo lo perteneciente a la iglesia. A continuación lo llevaron a su habitación y le instaron a recoger únicamente su ropa personal ya que el resto debía ser inventariado: libros, enseres de cocina y despensa, así como el caballo aparejado con su silla y brida, junto con el dinero perteneciente a la iglesia y a la cofradía de la Consolación. Tras llevar a cabo estas diligencias, las autoridades abandonaron el lugar y el P. Octavio quedó retenido en Santa Ana todavía tres días más, tiempo durante el cual pudo comprobar que el sacerdote sustituto ni siquiera hablaba el idioma pampango y, según su apreciación era “corto en la obligación perteneciente a un Párroco y Cura de Almas”.

Iglesia de San Guillermo. Bacolor. Foto: Tripadvisor

Pasados esos tres días los soldados lo condujeron al pueblo cercano de Bacolor; allí supo que el párroco del lugar, el también agustino P. Manuel Villalba, se encontraba muy enfermo. Quiso visitarlo para administrarle los últimos sacramentos pero los soldados no se lo permitieron, a pesar de que el Padre Villalba no estaba entre el grupo de insumisos al obispo. Permaneció fray Matías retenido de nuevo en Bacolor junto al grupo de frailes rebeldes que también habían sido llevados allá hasta el día 3 de diciembre, día en que regresó de nuevo el alcalde para ejecutar la expulsión definitiva. Y así, junto a sus seis compañeros frailes, a media noche y custodiados por cuatro granaderos abandonaron el lugar. El alcalde los hizo poner en un bote “enviándolos por la mar expuestos al peligro de Moros” rumbo a Manila. Relata fray Matías que arribaron a las tres y media de la tarde a la capital, y el oficial de mayor rango fue inmediatamente a Palacio a dar parte al gobernador de su llegada y recibir nuevas órdenes.  El gobernador las demoró y los retuvo en la embarcación sin dejarles tomar tierra ni permitirles entrar en la ciudad hasta bien pasadas dos horas. Una vez transcurridas, dio orden de que ya se podían ir al convento: “habiéndoseles embargado todo “y tal qual muda de ropa que tenían, dexándoles sin breviarios y sin otra cosa que lo que a cuestas traían”, concluye el fraile.

Según la Real Cédula del año 1773, los regulares (frailes) se tuvieron que someter pues a la visita diocesana que iba a llevar a cabo el obispo y a las leyes del Real Patronato. De modo que tuvieron que claudicar ante el poder superior. Pero a pesar de todo este deshonroso episodio que supuso para los agustinos, la peor parte se la llevaron sin embargo los frailes jesuitas, que no solo fueron expulsados en su totalidad de las islas, sino también de todos los dominios españoles. 

Tras aquellos deshonrosos hechos, las aguas se fueron calmando y hacia el año 1774, fray Matías Octavio fue destinado como párroco doctrinero a la población de Tambobong, en la misma isla de Luzón. El gobernador Anda y Salazar falleció en el año 1776 y en su lugar se nombró a José de Basco y Vargas.

Con la llegada de este nuevo gobernador, fray Matías pudo mostrar mejor su valía y poner en práctica sus conocimientos. El P. Octavio fue considerado en Filipinas como un fraile ilustrado que dominaba las lenguas nativas y que no se limitó solo a la actividad misionera propiamente dicha, sino que para su labor evangelizadora se valió también de la ciencia, las artes y la educación, siendo un reconocido y experimentado naturalista que compartía sus labores parroquiales en Tambóbong con el estudio entusiasta de las plantas. Había una en concreto que crecía abundante y de modo silvestre; era la planta llamada añil o índigo. El fraile observó que debajo de las hojas de este arbusto se encontraba contenida una bolsa o película con un líquido azulado. A base de no pocos ensayos logró  convertir ese jugo en el preciado tinte, al igual que ya estaban haciendo en Guatemala.

 
Foto planta añil. Revista Credencial  

El P. Octavio comenzó los experimentos a finales del año 1770 y contó con el beneplácito del nuevo gobernador, a quien desde el principio agradó el proyecto pues vio en él la posibilidad de que se convirtiera en un producto susceptible de explotación en la zona, como así fue.

Tras muchos estudios, trabajos y orientaciones, fray Matías Octavio consiguió su objetivo y enseñó a los nativos el modo de obrar para su aprovechamiento, empezando por la plantación, y acabando en la elaboración del tinte en forma de pasta. Para llevar a cabo esta empresa también contó con la ayuda de un comerciante de Manila llamado Diego García Herreros y para el año 1784 consiguieron enviar la primera remesa de añil a España a bordo de la fragata real La Asunción. Los indígenas enseguida entendieron que aquello iba a ser un revulsivo para la economía de las islas y lo acogieron entusiasmados. El añil se comercializó durante un tiempo con notable éxito.

 
Portada de revista de la época. Foto: DocPlayer

Pero el proyecto contó sin embargo con las zancadillas y los envites de la competencia. Un comerciante llamado Francisco Javier Salgado protestaba y se lamentaba ante el Rey alegando que era suyo, y solo suyo, el monopolio del negocio del añil, y que ahora, para su desgracia, “Basco y Vargas (el gobernador), desde el año 1779, no solo permitió que trabajaran tinta seca de los pueblos de Tambobon bajo la dirección del Padre Fray Mathias Octavio, sino que auxilió y fomentó la extensión de dicha fábrica en tal conformidad que al presente ya la trabajaban en las cinco provincias inmediatas”. Salgado no consiguió no obstante que aquellos pueblos dejaran de explotar y producir el añil para beneficio también de los propios nativos, tampoco perdió su fábrica, pero sí perdió el monopolio sobre el producto. Según asegura el agustino P. Eladio Zamora, autor del libro “Las corporaciones religiosas en Filipinas” (1901), que el negocio funcionó perfectamente “hasta que la avidez, avaricia y mala fe de los Chinos, que negociaban con el tinte, lo adulteraron haciéndolo desmerecer en los mercados extranjeros” Pag. 284. Aunque para entonces el P. Octavio ya no se encontraba en las islas.

 

Plantación y procesado del añil. Foto Gabriel Bernat.es

 

Cuando entendió fray Matías que había concluido su labor en Filipinas pidió y obtuvo licencia para regresar a la Península y reincorporarse a su antigua Provincia; esto ocurría en el año 1787. Se embarcó pues rumbo a su tierra para llegar a Cádiz el día 31 de octubre del año siguiente. Entre sus cosas se trajo consigo varias botellas de miel y un fardo de café, según consta en los archivos de los registros de embarque (Estante 145, cajón 7, legajo 23). Ya en España, fray Matías fue acogido en el convento madrileño de San Felipe el Real. Este era un convento agustino ubicado en el comienzo de la calle Mayor, muy cerca de lo que hoy es la Puerta del Sol; su construcción databa del siglo XVI. Al encontrarse  en pleno centro de la capital era un lugar muy frecuentado, sobre todo en sus alrededores, donde se encontraban las llamadas “Gradas de San Felipe el Real”, vulgarmente conocidas también como “El Mentidero”, ya que por allí pasaban todos los chismes, intrigas, cuentos y comadreos de la Villa y Corte. Este edificio conventual, que fue desmantelado durante la Guerra de la Independencia, sufrió también años después la fiebre destructora de la Desamortización de Mendizabal del año 1838 por lo que al final acabó demolido, a pesar de las protestas que se suscitaron por parte de los defensores del arte y el patrimonio. 

 

                                         Gradas de San Felipe el Real. Foto: edicioneslibreria.es

 

A la llegada del fraile, la orden de San Agustín premió los méritos de Octavio nombrándole Prior Vocal y, el rey, en premio a sus merecimientos y aportaciones a la Corona le concedió una pensión vitalicia.

En ese año de su llegada (1788) el fraile lerinés presentó al Rey un memorando escrito de su puño y letra. Se trata de un interesante y moralizador texto sobre las Islas Filipinas en el que se aborda la historia, industria, población, tributos y estancos de las islas, y en el que hace fuerza para tratar de impedir que se impugnen estos últimos, contrarrestando las razones que presentaba el actual gobernador de Filipinas que pretendía la extinción de los estancos de productos tales como el vino de ñipa, el tabaco y el bonga. Dicho memorando ocupa una extensión de 104 páginas y personalmente lo considero un documento muy valioso ya que permite conocer cómo era la vida en las Islas Filipinas en esa época, según la visión del erudito fraile lerinés, y detalla además la situación económica de las islas, a la vez que relata la historia general desde la llegada de los españoles hasta ese momento concreto, además de apuntar los motivos por los que entendía que éstas no alcanzaban mayor prosperidad. Incluso se atreve a proponer al Rey nuevos y más económicos sistemas de administración.

 
Una de las páginas del memorando que fray Matías dirigió al rey de España escrita por él mismo. Foto Biblioteca Virtual de Defensa

En las páginas números dieciocho y diecinueve de dicho texto, -que a día de hoy se puede leer en la Biblioteca Virtual de Defensa-, fray Matías Octavio hace un pequeño resumen de cuales habían sido sus afanes, algunos de los cuales ya se han apuntado aquí: “antes de que se fundasen las sociedades, quería yo destituirme a Europa; pero el Gobernador me dijo que detuviese el viaje y dedicase a beneficiar el añil al uso de Guatemala. En efecto, suspendí el viaje y tomé con empeño el beneficio de este Ramo. Llamé a varios feligreses míos; les enseñé muestras del Añil de Guatemala; les propuse que todos ellos hiciesen ensayos y viesen si lo podían hacer como lo que les mostré. Yo tomé la empresa con empeño. Busqué libros que tratasen del beneficio. Hice infinitos ensayos y después de muchos meses de gastos y trabajos tuve la satisfacción de hacer un buen añil. Expliqué a los Indios el mismo tesoro que tenían las Islas con este ramo pues es patente que todas las Provincias y Pueblos tiene y trabajan esta planta. Luego que tuve una porción de Añil, entregué dos cajoncitos al Gobernador quien los mandó al Ministerio y lo mismo fue haciendo con los que sucesivamente le entregué. El Gobernador tuvo particular complacencia de ver que en las Islas había un ramo capaz de enriquecerlas”.

Se entiende que en España se interesaron por el tema: “Verdaderamente esta noticia me ha sido de mucha complacencia, pues veo que de mis gastos y trabajos puede resultar particular ventaja al estado y espero que aquellos dominios mudaran de aspecto y serán útiles a la corona”.

Entre las recomendaciones que aporta, añade: “me parece que hay otro camino mejor para que en adelante no hagan tanto Comercio y éste recaiga en los españoles y de esta suerte podrán emplearse muchos, tanto para el vecindario de Manila como para la Compañía y podrán mantenerse muchos españoles y los vecinos de Manila podrán dar honesta ocupación a sus hijos, criándolos mejor que lo han hecho hasta el día presente”. Parece ser que todo lo expuesto agradó al Rey que, como he dicho, otorgó en premio a fray Matías una pensión vitalicia.

En la página 334 del tomo quinto de la “Historia Política de los Establecimientos Ultramarinos”, escrito por Eduardo Malo de Luque en el año 1790, ya se hace eco de la vida y obra de fray Matías, resumida de este modo: “el P. Fray Matias Octavio, natural de Lerín, ha residido en Filipinas desde el año 1762 hasta el de 1787; ha sido uno de los más celosos operativos que han gozado las Islas. Instruido en sus lenguas y sumamente apticado y activo, ha procurado el bien espiritual y temporal de aquellos naturales. Restituido a España ha obtenido una pensión del Rey y prosigue trabajando útilmente en su convento de San Felipe el Real de esta Corte”.

Con posterioridad a todo lo expuesto, Matías Octavio desempeñó otros cargos en la orden agustina, siendo nombrado apoderado de las Provincias de Santiago de Chile y de Mechoacán (Méjico). Su firma se ve por última vez al pie de una consulta hecha en el convento de El Salvador en el año 1809. Aquí fueron trasladados los frailes cuando a consecuencia de la entrada de los franceses en Madrid tuvieron que salir de San Felipe el Real. Fray Matías Octavio, muere en Madrid en una fecha no consignada pero siempre posterior a ese año de 1809.

Una vida apasionante y digna de conocer y difundir. Transcurridos doscientos setenta y siete años desde su nacimiento,  sirva este trabajo para sacarlo del anonimato en el que ha estado por casi tres siglos y favorecer que pueda conocerse y reconocerse su labor. Este es pues mi pequeño homenaje a fray Matías Octavio, un lerinés que se marchó a las antípodas y trabajó incansablemente luchando para la promoción y bienestar espiritual y social de sus semejantes.

 

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Artículo: María Rosario López Oscoz

 

Bibliografía:

-MALO de LUQUE, Eduardo. “Bibliografía: Historia Política de los Establecimientos de las Naciones Europeas”. Tomo V. Madrid. Año 1784.

-«Memorando del P. Matías Octavio al Rey de España» [Madrid, 1788], en APSR, Historia civil de Filipinas, tomo 4, doc. 7, folio 421v-422v

-PEÑAHERRERA de COSTALES, Piedad. “Los Agustinos Pedagogos y Misioneros del Pueblo (1573-1869”). Ed. Abya Yala. 2003.

-PÉREZ ELVIRO, j. (OSA) “Catalogo Bio-bibliografico de los Religiosos Agustinos de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de las islas Filipinas desde su Fundación hasta nuestros días”. Manila. Editorial Colegio de Santo Tomás. Año 1901.

-RODRIGUEZ RODRIGUEZ, Isacio. “Expulsión de los agustinos de la provincia de la Pampanga (1771)”. Archivo Agustiniano. Nº 70. 1987.

-ZAMORA, fray Eladio (OSA). “Las Corporaciones Religiosas en Filipinas”. Imprenta y Librería Religiosa Andrés Martín. Año 1901. Pag. 284

-http://www.xeniaeditrice.it/zu%C3%B1igaIocrpdf.pdf

http://agustinosvalladolid.org/estudio/investigacion/archivoagustiniano/archivofondos/archivo1989/archivo_1989_11.pdf

-familysearch.org

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